Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
Hoy se cumplen 19 años de un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia eclesial contemporánea: la publicación, el 7 de julio de 2007, del Motu Proprio Summorum Pontificum_ por parte de
Benedicto XVI.
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Este documento no fue simplemente una disposición jurídica; fue un verdadero acto de justicia histórica y pastoral. Con una profunda comprensión del alma tradicional de la Iglesia y una fina sensibilidad hacia aquellos fieles que encontraban su hogar espiritual en la liturgia antigua, Benedicto XVI liberalizó de forma universal la Misa Tradicional (el Misal de 1962, codificado por San Pío V y promulgado por San Juan XXIII), reconociéndola como la Forma Extraordinaria del único rito romano.
Benedicto XVI no veía la historia de la Iglesia como una serie de rupturas, sino como un crecimiento armónico. En la bellísima carta que acompañó al Motu Proprio y que dirigió a los obispos de todo el mundo, plasmó una de las frases más célebres y profundas de su pontificado, la cual fundamenta teológicamente esta apertura:
»Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande; no puede ser improvisamente enteramente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto».
Con estas palabras, el Papa teólogo recordó que la Iglesia no puede renegar de su propio pasado ni de los tesoros que alimentaron la fe de los santos durante siglos.
A 19 años de aquel hito, la era de la Pax Litúrgica de Benedicto XVI se recuerda como un luminoso esfuerzo de comunión universal, donde la tradición no fue tratada como una pieza de museo, sino como una fuerza viva y perenne para el bien de las almas.
«Inmediatamente después del Concilio Vaticano II se pudo presumir que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero mientras tanto se ha visto claramente que también los jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en misma una forma, particularmente apropiada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Sagrada Eucaristía».
