Sacerdotes recorren las zonas afectadas para rezar con las víctimas, bendecir a los rescatistas y ofrecer un mensaje de esperanza en medio del dolor.
No llevan maquinaria ni herramientas de rescate, pero su presencia también transforma vidas. En medio de la tragedia que vive Venezuela, sacerdotes recorren las zonas afectadas para rezar con las víctimas, bendecir a los rescatistas y ofrecer un mensaje de esperanza en medio del dolor.
Mientras continúan las labores de búsqueda y atención a los damnificados tras los devastadores terremotos que han sacudido al país, la Iglesia Católica ha respondido con ayuda material y espiritual. Allí donde abundan los escombros, también se hacen presentes sacerdotes para acompañar espiritualmente a quienes más lo necesitan.
Uno de ellos es el Padre Ignacio Porras, quien ha recorrido las calles del estado de La Guaira para rezar por los socorristas y pedir a Dios por el rescate de las personas que permanecen atrapadas entre los escombros.
Tras descender hasta el lugar donde se realizaban las labores para rescatar a Hernán Gil Flores, quien quedó atrapado en el sótano de un centro comercial, el sacerdote destacó el esfuerzo y la entrega con los socorristas y voluntarios.
El Padre Porras agregó que la oración «mueve montañas» y recordó un salmo que invita a confiar plenamente en Dios en estos momentos de angustia.
«Hay un salmo que dice: ‘Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde’. Sí, Dios es el que hace los milagros y, por eso, vamos a seguir pidiendo».
El sacerdote español, que lleva 22 años de misión en Venezuela, subrayó además que la respuesta a esta tragedia debe unir la oración con el compromiso concreto de ayudar al prójimo.
«Es necesario rezar y también la acción. Esta es una catástrofe que va a necesitar meses de ayuda. Ojalá continuemos todos con este esfuerzo, con esta ilusión y, sobre todo, con esta confianza en Dios».
Finalmente, hizo un llamado a la unidad de todo el pueblo venezolano, más allá de las diferencias políticas o religiosas.
«Creo que es una oportunidad para Venezuela para unirnos como pueblo. No importa la creencia religiosa que uno tenga, no importa la parte política. Aquí es donde uno puede sacar lo mejor del corazón de las personas, y eso es lo que estamos pidiendo».
«La fe sigue ahí, aún hay esperanza»
El acompañamiento espiritual también ha llegado de la mano de sacerdotes y religiosos de los Legionarios de Cristo, quienes se trasladaron hasta las zonas afectadas para llevar ayuda, celebrar la Santa Misa y acompañar con la oración a las familias golpeadas por los terremotos.
En medio de edificios derrumbados y comunidades que luchan por recuperarse, el diácono Jordan Sánchez Bañuelos compartió cómo la fe permanece viva entre los damnificados.
«Hoy también Dios llegó a La Guaira. La gente preguntaba si iba a haber misa; quieren agradecer, pedir y recibir a Cristo. Los edificios han caído, muchos han perdido sus casas y familias, pero la fe sigue ahí, aún hay esperanza».
El testimonio de estos sacerdotes recuerda que la fe también es una forma de acompañar, consolar y sostener la esperanza de un pueblo que no deja de luchar.
