Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Hay momentos en los que el alma

está cansad.

No por falta de fe, sino por el exceso de batallas.

Problemas que no se resuelven, heridas que aún duelen, caminos oscuros que parecen no aclararse nunca.

Jesús no prometió una vida sin pruebas; pero sí prometió algo mucho más grande…, Su paz.

“Les he dicho estas cosas para que encuentren la paz en mí.

En el mundo tendrán tribulación, pero, ¡ánimo!, yo he vencido al mundo.” (San Juan 16, 33 – Biblia Latinoamericana).

La paz que Jesús nos ofrece no depende de que todo esté siempre bien.

No nace de la ausencia de problemas, sino de Su presencia viva en medio de ellos.

Cuando el mundo te sacude,

cuando el corazón se inquieta,

cuando el miedo intenta tomar la delantera…, Jesús no se aleja.

Él permanece.

Su paz no es frágil.

No se rompe con la tormenta.

Es una paz que sostiene, guarda y

protege el corazón cansado.

La paz de Cristo no niega el dolor,

pero lo envuelve de esperanza.

No apaga la cruz,

pero la ilumina con sentido.

Porque quien camina con Él,

aunque tiemble…nunca camina solo.

  • Oremos: 

Señor Jesús, cuando mi corazón

se inquieta y mis fuerzas flaquean,

recuérdame que Tu paz no

depende  de las circunstancias.

Quédate conmigo en medio de mis pruebas, guarda mi corazón,

y enséñame a descansar en Ti.

Amén.

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