Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
¿Qué significa la tonsura en la Iglesia?, era un corte de cabello en forma de corona que usaban los monjes y sacerdotes como signo de humildad, penitencia y consagración a Dios.
La sagrada tonsura es uno de los sacramentales más cargados de misticismo en la tradición eclesiástica.
La primera tonsura tradicional marca la ruptura con el mundo
El obispo corta el cabello. Mientras se realiza el desprendimiento de este signo de vanidad secular, el seminarista recita solemnemente el Salmo 15, 5: «Dominus pars hereditatis meae et calicis mei…», (el Señor es la parte de mi herencia y de mi cáliz).
Posteriormente, es revestido con la sobrepelliz blanca, símbolo del hombre nuevo.
Este gesto hunde sus raíces en el Antiguo Testamento. Al repartir la Tierra Prometida, la tribu de Leví fue la única que no recibió heredad material; Dios mismo decretó: «Yo soy tu parte y tu heredad» (Núm 18:20). Al cantar el salmo, el tonsurado se convierte en un «levita espiritual».
El candidato declara solemnemente que renuncia a reclamar una «herencia en la tierra» (ambiciones, riquezas materiales o éxitos mundanos) para configurar su vida entera bajo una sola premisa: Dios es su único lote.
En el griego bíblico, la palabra utilizada para designar una «heredad» o «lote» es κλῆρος(klēros).
En las Sagradas Escrituras, este término se aplicaba espiritualmente a la tribu de Leví, porque no recibieron tierras ya que Dios mismo era su única herencia; de esta raíz y su significado procede directamente de nuestro término español clero y clérigo, definiendo a quienes lo dejan todo para que el Señor sea su única porción.
La primera tonsura constituía el umbral jurídico exacto del estado clerical. El canon 108 §1 dictaminaba de forma taxativa: «Los que se dedican a los ministerios divinos, al menos por la primera tonsura, se llaman clérigos».
Desde ese instante, el varón dejaba de ser laico, asumiendo los fueros, privilegios y obligaciones canónicas (como el uso de la sotana). Este andamiaje jurídico—litúrgico que permaneció intacto durante siglos sufrió un cambio estructural el 15 de agosto de 1972. Mediante el motu proprio Ministeria quaedam, el Papa Pablo VI reformó las órdenes menores y abolió formalmente el rito de la primera tonsura en la disciplina general de la Iglesia latina.
A partir de esta reforma, plasmada posteriormente en el Código de Derecho Canónico de 1983, el acceso al estado clerical se trasladó al momento de recibir la sagrada ordenación del diaconado.
Hoy en día, la tonsura sobrevive legítimamente en los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica que celebran según los libros litúrgicos tradicionales (la forma extraordinaria o rito antiguo).
En esos recintos de la Tradición, el rito sigue cumpliendo fielmente su doble propósito: recordar al alma que su única propiedad es el Altísimo y señalar ante el derecho de la Iglesia que un nuevo levita ha nacido para el servicio del Templo.
