Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Hay un gesto diminuto en la Misa que esconde un misterio inmenso. 

El sacerdote toma unas gotas de agua…, y las mezcla con el vino dentro del cáliz.

Tan pequeño que muchos ni lo notan. Tan profundo que contiene todo el Evangelio.

Mientras lo hace, el sacerdote pronuncia en voz baja:

  • “El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana.”

No es un detalle decorativo.  

Es un símbolo sagrado que la Iglesia conserva desde los primeros siglos.

  • El vino representa la divinidad de Cristo. El agua representa nuestra humanidad.

Y cuando ambos se unen dentro del cáliz… la Iglesia proclama silenciosamente el misterio de la Encarnación: Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera participar de la vida de Dios. 

  • Pero hay algo todavía más conmovedor.

Una vez mezclada, el agua ya no puede separarse del vino. Así quiere Cristo unirse a tu alma.

  • No superficialmente.  
  • No de lejos.  
  • Sino completamente.
  • Cada Santa Misa es una invitación divina a perderte dentro del Corazón de Cristo como esa gota desaparece dentro del cáliz. 

Los santos meditaban profundamente este gesto.

San Cipriano enseñaba que el agua también representa al pueblo fiel unido a Cristo. Es decir: cuando el sacerdote prepara el cáliz, espiritualmente toda la Iglesia está siendo llevada al altar.

  • Tus lágrimas.  
  • Tus luchas.  
  • Tus heridas.  
  • Tu historia.
  • Todo entra en el cáliz.

Por eso la Misa jamás es rutina.  

Es el lugar donde el cielo toma nuestra pobreza humana… y la une al sacrificio eterno del Hijo de Dios. 

La próxima vez que veas caer esa pequeña gota de agua, recuerda:

Dios no vino solamente a ayudarte.  Vino a unirse contigo. (Tomado de la Red).

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