Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

En los próximos días quiero mostrarte que Jesús no fue un mártir judío, como otros tantos lo fueron. No fue por desesperación que Jesús se atrevió a ser crucificado. Las últimas 18 horas de Jesús antes de su muerte dan testimonio de una valentía, un amor y una fuerza sin precedentes, como nunca antes se ha visto. En la cruz Jesús nos mostró lo que es el amor perfecto y se revela la grandeza de Dios. 

Uno de los discípulos de Jesús escribiría después: «Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad» (Juan 1:14, DHH). La noche antes de morir, al final de la cena pascual, Jesús oró estas palabras: «Padre, la hora ha llegado. Glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti» (Juan 17:1).

Las últimas 18 horas son una historia sobrecogedora llena de impactantes contrastes. Una epopeya pascual en la que se ve a un Jesús soberano soportando humillaciones y burlas de forma regia. Jesús guardó un silencio heroico ante los hombres más poderosos de Jerusalén: el sumo sacerdote Caifás, el rey Herodes y el gobernador Poncio Pilato. Jesús soportó hasta el extremo para mostrarnos el amor de Dios. Se hizo humano para vencer a la muerte en su propio terreno y resucitar a los tres días. 

Te invito a que te unas a mí en los próximos días para seguir a Jesús en las últimas 18 horas de su vida. Llegarás a experimentar el amor como nunca antes. Es el amor perfecto de Dios, en el que llegarás a conocerle como realmente es.

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