Por Denisse Angélica Gallegos Chapol
- A menudo, en nuestro pesebre, San José queda en un segundo plano. No dice una sola palabra en los Evangelios, pero su silencio es elocuente: es el silencio de quien ama, protege y obedece.
Sin el «sí» valiente de José, el hogar de Nazaret no habría tenido su custodio. Él no fue un espectador, sino el hombre elegido por Dios para:
- Ser la sombra del Padre en la tierra.
- Proteger la vida del Niño Jesús ante el peligro.
- Enseñarnos que la santidad no necesita de aplausos, sino de fidelidad en lo cotidiano.
Esta Navidad, cuando mires el nacimiento, no olvides al hombre justo que sostiene la lámpara. Pídele que te enseñe a cuidar a Jesús en tu propio corazón con la misma ternura con la que él lo hizo en Belén.
- ¡San José, ruega por nosotros y por nuestras familias!
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