51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
52 Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.» (Jn. 6, 51-58)
Si Jesús dijo: “este pan es mi Cuerpo y este vino es mi Sangre”, ¿quién puede dudar de su Palabra? Jesús, siempre habla en verdad. Cuando dice algo, siempre se cumple. ¿No dijo a un muerto que llevaba cuatro días en el sepulcro: “¡Lázaro sal fuera!”, y el muerto, vivió? O, ¿a un paralítico de muchos años ha: “Coge tu camilla y echa a andar? Jesús,no hace nada que no vea hacer al Padre. Si Él, da vida a los muertos yresucitó a Jesús, ¿es que podemos dudar que, al principio del mundo dijo a todas las cosas y al hombre: “¡Hágase!” y, fue hecho, según su Palabra Omnipotente?
Y el milagro más inaudito después de la Resurrección de Jesús es la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de una doncella. A Ella le dijo:“darás a la luz un hijo que será Hijo del Altísimo”, es decir, “Dios connosotros”. ¡Y el Hijo de Dios se hizo un hombre más entre todos los hombres!
Siendo esto así, no queda más que arrodillarnos y alabar y bendecir a nuestro Dios que “tanto amó al mundo que nos entregó a su Hijo”; Y, suHijo, a su vez, nos ofreció como viático, su Cuerpo y su Sangre para que vivamos por medio de Él.
Ningún otro alimento puede saciarnos como éste que “bajó del cielo y nos da la vida eterna”. Porque, alimentarnos de Dios fue el anhelo inaudito, pero vorazmente deseado por el hombre, desde que es hombre. Y este entrar en comunicación con la divinidad, se realizó el día que Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía en la Última Cena, el Jueves Santo: “tomad y comed… tomad y bebed mi Cuerpo y mi Sangre”.
Sabemos que estas Palabras tan fuertes, dichas en la sinagoga de Cafarnaúm, escandalizaron a muchos de sus oyentes y dejaron de seguirlo. Pero Jesús, no dejó de proclamar: “el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna”.
No solo los judíos de su tiempo entendieron algo así como, comer carne humana o “antropofagia”, sino que, las Iglesias protestantes, no pueden asumir esta realidad y dicen que es una comunión espiritual. Pero Jesús,habló de una realidad Sacramental: “un signo sensible que, nos da una realidad invisible”. ¡Realmente, entra en nuestro ser Jesucristo, con su Cuerpo y con su Sangre y nos diviniza, nos hace unirnos a ÉI! Así, san Pablo, pudo decir: “ya no soy yo, que es Cristo quien vive en mí”. Hablaba de una realidad y no de una imagen o un símbolo o, realidad solo espiritual. ¡Era Jesús mismo, el que anduvo por Galilea, el que vivía dentro de ÉI!.
La Iglesia Católica, al hablar de la Eucaristía, lo llama “Transustanciación”, es decir, que, el pan, después de las Palabras de la consagración, es el Cuerpo y, el vino, es la Sangre de Jesucristo. ¡Oh Señor, que no indaguemos con la razón, lo que no cabe en ella! ¡Qué no cuestionemos a la fe en tan gran Misterio y, no tengamos que oír de Jesús: “¡Qué poca fe, ¿por qué has dudado?!” ¡Auméntanos una fe, llenade tu Amor por Tu gran benevolencia con nuestra pobreza! ¡Qué así sea! ¡Amén! ¡Amén!
