Por Rodolfo Álvarez Riveroll
Eso decía la gente. Que en el campo nomás había tortillas duras, frijoles, chilito con sal y agua de garrafón… que eso era “comida de pobres”.
- Pero qué equivocados estaban
Porque yo me acuerdo que cuando andábamos con mi papá en la milpa, después de andar sudando desde temprano, llegaba la hora de sentarnos en una sombra, con el bote lleno de frijoles, las tortillas envueltas en una servilleta de manta, y el chile recién molido.
Y ahí, aunque no había refrescos ni manteles bonitos, aquello sabía a gloria.
- Era la mejor parte del día
No eran lujos, pero eran momentos que ahora, de grandes, daríamos lo que fuera por volver a vivir. Porque ahí entendimos lo que era ganarse el pan con trabajo, lo que era comer con hambre de verdad, y lo que era compartir hasta el último taco con los que más quieres.
- Nos llamaron pobres
Pero crecimos ricos en enseñanzas, en humildad, y en orgullo campesino. Y hoy que ya no están todos esos días, entendemos que no nos daban “comida de pobres», nos estaban alimentando el alma. (Foto del autor en su niñez).
