Por Enrique Krauze

Un Día Como el 21 de diciembre, pero de 1815, el sacerdote Don José María Morelos fue fusilado en Ecatepec. (De ‘Siglo de caudillos’ 1994).

El 21 de diciembre de 1815, exactamente el día en que dieciocho años antes había recibido la dignidad del sacerdocio de manos del obispo San Miguel, de rodillas, como entonces, Morelos escuchó su sentencia de muerte.

Al día siguiente, acompañado por un fraile, un padre y un oficial, subió en un coche cerrado. Tomaron el camino del santuario de Guadalupe: «Morelos», escribe Alamán, «iba rezando diversas oraciones y en especial los salmos Miserere y De profundis, que sabía de memoria, y su fervor se encendía en cada plazuela que atravesaban de las varias que hay en el tránsito, creyendo que en alguna de ellas iba a ejecutarse la sentencia, y manifestaba mucho deseo de padecer en este mundo, temeroso de las penas del purgatorio, aunque confiaba en la misericordia de Dios, que sus pecados habían sido perdonados. Al llegar a Guadalupe, quiso ponerse de rodillas, lo que hizo no obstante el estorbo de los grillos».

Más adelante, en el patio de un antiguo caserón de los virreyes del árido caserío de San Cristóbal Ecatepec, sería la ejecución. Al ver aquel paisaje Morelos comentó: «Donde yo nací fue el jardín de la Nueva España». Bebió con apetito un caldo con garbanzos y fumó su acostumbrado puro. Pidió un crucifijo: «Señor, si he obrado bien tú lo sabes; y si mal, yo me acojo a tu infinita misericordia».

  • Escuchó las palabras del padre

«Haga usted cuenta que aquí fue nuestra redención». «Dióse», narra Alamán, «la voz de fuego y el hombre más extraordinario que había producido la revolución… de Nueva España cayó atravesado por cuatro balas; pero moviéndose todavía y quejándose, se le dispararon otras cuatro, que acabaron por extinguir lo que le quedaba de vida.» (Tomado de su muro de facebook).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido Protegido