Hola, buenos días, hoy Leti nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
MI IDENTIDAD
Hace unos días llegó al monasterio un regalo sorpresa. Unas personas nos habían regalado unas alfombras para la iglesia. Las llevé al relicario y, con mucho cuidado, las desenvolví. Realmente eran preciosas.
Llamé a las monjas para que las vieran y se quedaron sin palabras. Eran rojas, con una cenefa dorada alrededor y, en el centro, el escudo de nuestra Orden.
A las hermanas les gustaron las alfombras, pero lo que las dejó prendidas fue ver el escudo en ellas. Era ver algo tuyo, que te pertenece. Me daba cuenta de que se creaba un vínculo de identidad, y esto fue lo que realmente les gustó.
Daba gracias al Señor por poder pertenecer a su Iglesia y, dentro de su Iglesia, a la Orden de Predicadores. El Señor no ha querido que vivamos la fe solos, quiere que la vivamos en comunidad. Es verdad que a veces la comunidad, las relaciones, cuestan; es difícil la convivencia. Pero Jesús lo vivió en primera persona.
Hay un momento, después del discurso del Pan de Vida, en el que algunos empiezan a marcharse, dejan de seguirle, y Jesús tiene que interpelar a los apóstoles y les dice: «¿Vosotros también os queréis marchar?». Y ya conocemos todos lo que contestó Pedro.
En otro momento vemos cómo Jesús los oye discutir por el camino sobre quién será el más importante, y Jesús les vuelve a interpelar. Pero Jesús no se cansa. Una y otra vez, igual que dio la mano a sus discípulos hasta el último momento, también hoy a nosotros nos da la mano para caminar.
Si tropiezas, Él te levanta; si caminas, te acompaña. Pero siempre contigo, si tú le dejas. Porque estar con Jesús crea identidad. Él te va regalando poco a poco sus sentimientos y, sobre todo, su amor, para que con este amor puedas tú amar a los demás.
Hoy el reto del amor es crear identidad con Jesús. Haz una llamada de teléfono, tómate un café con un compañero, escribe un mensaje. Que el amor sea tu identidad.
VIVE DE CRISTO
