La Iglesia advierte sobre las constelaciones familiares y sus riesgos espirituales. Conoce qué enseña y qué caminos propone para sanar.

POR  Jorge Reyes

Las llamadas constelaciones familiares se han popularizado como una alternativa para afrontar conflictos personales, heridas familiares, problemas de pareja, duelos o situaciones que aparentemente se repiten de una generación a otra.

Para lograrlo, en una sesión los participantes representan a los integrantes de una familia y, a partir de determinadas dinámicas, se busca identificar el origen de un conflicto o problema que enfrenta un individuo y que estaría relacionado con acontecimientos ocurridos a alguno de los miembros de sus generaciones anteriores.

El problema para un católico aparece cuando este método deja de ser una herramienta de reflexión sobre las relaciones familiares y adopta explicaciones espirituales según las cuales los pecados, culpas, sufrimientos o supuestos “bloqueos” de los antepasados pueden transmitirse a los descendientes y deben ser “sanados” mediante determinados procedimientos.

En este tenor, la Iglesia no considera que una persona cargue con la culpa espiritual de los pecados cometidos por sus antepasados. Y esta diferencia es fundamental con lo que enseña la tradición a los católicos.

¿Qué son las constelaciones familiares?

Pero vayamos por partes. En primer lugar, es pertinente saber que las llamadas constelaciones familiares son un método de terapia alternativa creada por el ex sacerdote y terapeuta alemán Bert Hellinger, por medio del cual busca resolver conflictos personales al revelar las dinámicas ocultas de la familia, pero que además se basan en la idea de que los traumas y dolores de los antepasados se repiten en las vidas de los parientes actuales.

Este método de intervención, con un enfoque sistémico, asegura que los conflictos individuales pueden estar vinculados a desórdenes en el sistema familiar, como lo pueden ser las exclusiones, los secretos, los duelos no elaborados, las injusticias y las pérdidas traumáticas, entre otros más.

La hipótesis central de las constelaciones familiares sostiene que cuando un miembro de la familia es excluido o una experiencia queda sin integrar, el sistema busca compensarlo en generaciones posteriores y se expresa en la aparición de patrones perjudiciales, síntomas físicos, conflictos emocionales o bloqueos vitales que parecen no tener una explicación racional.

A partir de lo anterior, se realiza una sesión privada en grupo o con figuras u objetos, en la que “el paciente” elige a personas extrañas o algunos objetos para representar a sus familiares y se cree que estas personas y figuras llegan a sentir las emociones reales de los parientes del individuo afectado.

La sesión suele durar entre una y tres horas, y su impacto se describe como fenomenológico porque se centra en lo que se manifiesta en el momento, más allá de interpretaciones intelectuales extensas. Así, el fin de esta es encontrar un nuevo orden que dé paz “al paciente” a partir de reordenar el sistema familiar mediante una representación escénica en grupo donde personas desconocidas asumen el papel de padres, abuelos o hermanos y por medio de frases, rituales y movimientos simbólicos.

¿Qué ha dicho la Iglesia sobre las constelaciones familiares?

Si bien es cierto que la Iglesia católica no cuenta con un documento universal emitido por la Santa Sede dedicado exclusivamente a las llamadas “constelaciones familiares”, sí existe una enseñanza oficial que permite valorar las ideas y prácticas que pueden aparecer o aplicarse dentro de estas terapias alternativas.

Uno de los documentos más importantes es “Jesucristo, portador del agua de la vida. Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era”, elaborado por el Grupo de Trabajo sobre Nuevos Movimientos Religiosos, integrado por los entonces Consejos Pontificios para la Cultura y para el Diálogo Interreligioso, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

En este documento, publicado por el Vaticano el 3 de febrero de 2003, se advierte sobre aquellas prácticas que mezclan psicología, espiritualidad, terapias alternativas, esoterismo y concepciones de Dios incompatibles con la revelación cristiana.

En este extenso estudio, la Santa Sede establece que no basta con que una práctica utilice palabras cristianas para que sea compatible con la fe: es necesario examinar sus fundamentos y su concepción de Dios, de la persona humana y de la salvación.

El texto advierte de una tendencia especialmente problemática de utilizar métodos, como los utilizados por las constelaciones familiares, y que tienden a confundir o fusionar elementos religiosos y psicológicos, de modo que algunos conceptos cristianos terminan mezclados con ideas provenientes de otras espiritualidades. Para la Iglesia, esta confusión puede llevar a colocar al mismo nivel la fe cristiana y determinadas creencias o técnicas de carácter esotérico, lo cual no es aceptable.

Las constelaciones familiares y la “sanación intergeneracional”

Si bien es cierto que la Santa Sede no ha emitido un documento o posicionamiento oficial relacionado con las constelaciones familiares, a nivel regional la Conferencia Episcopal Española emitió una nota doctrinal en la que se refiere a la llamada “sanación intergeneracional” o “sanación del árbol genealógico”, que retoman los conceptos establecidos por teólogo y psicoterapeura Bert Hellinger.

En noviembre de 2024, el Episcopado Español, a través de su Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, publicó el documento “Su misericordia se extiende de generación en generación”, en la que explica que algunas de estas propuestas alternativas sostienen que determinados pecados cometidos por los antepasados pueden permanecer sin perdón y convertirse en causa de enfermedades físicas o psicológicas de sus descendientes.

Desde esa perspectiva, apunta que quienes recurren a este tipo de sesiones establecen que sería necesario identificar el pecado o acontecimiento ocurrido en el árbol genealógico de la persona y realizar posteriormente determinadas oraciones o rituales para romper ese supuesto vínculo.

La valoración de los obispos españoles es contundente y advierten que al mezclar elementos de la fe católica con otros que le son ajenos, estas prácticas pueden convertirse en un “sincretismo de apariencia católica” y afectar cuestiones centrales de la doctrina cristiana, como la responsabilidad personal, la libertad humana, el pecado, el bautismo, la Eucaristía, el purgatorio y la comunión de los santos.

Por ello, la nota concluye que estas prácticas se alejan de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia y pueden causar un importante daño moral y espiritual.

“Frente a aquellos que afirman la transmisión intergeneracional de los pecados de los antepasados, apoyándonos en la Palabra de Dios, queremos afirmar que a nadie puede imputársele pecados ajenos ni se le debe hacer responsable de los pecados de generaciones anteriores, sino que cada uno es responsable de su propia vida y de sus propios pecados”, puntualiza la nota doctrinal.

Cada uno es responsable de su vida

El padre José Alberto Medel Ortega, miembro de la Dimensión de la Pastoral de la Consolación y Exorcistas de la Arquidiócesis Primada de México, subraya que, si bien es cierto que el Magisterio de la Iglesia no se ha pronunciado de manera contundente en el tema de las constelaciones familiares, la Iglesia nos recuerda que cada persona es responsable de su vida y actos, por lo que no deben impactar en sus descendientes.

“Las constelaciones familiares, en este sentido espiritualista, esotérico, sostienen que hay pecados ancestrales, energías y fuerzas ancestrales que nos vienen de nuestra familia y con las que nosotros cargamos hoy, pero este tipo de tonterías no tiene ningún fundamento ni propósito.

“La iglesia nos recuerda lo que la palabra de Dios nos dice: cada uno es responsable de su vida, cada quien es responsable de sus decisiones, la vida de cada uno es la vida de cada uno y, si bien es cierto, que influye en nosotros el ambiente en el que vivimos, la sociedad en la que vivimos, la familia que nos educó y nos transmitió los valores, al final cada uno toma sus propias”, asevera.

¿Cómo se contraponen estas prácticas con las enseñanzas de la iglesia?

En entrevista con Desde la fe, el padre Medel Ortega señaló que las sesiones de las constelaciones familiares se contraponen a las enseñanzas de la Iglesia católica porque “no deja de ser una postura sensacionalista, totalmente motivada por la superstición”.

Asimismo, continuó, esas prácticas están alejadas de lo que “la palabra de Dios nos enseña con respecto a Dios y su designio sobre el hombre, sobre la vida personal de cada persona, sobre la capacidad que tiene de decidir sobre sí mismo, incluso de acabar con actitudes perniciosas aprendidas de sus propios mayores”.

El también párroco de la Parroquia de Santa María Tepepan, subraya que no se debe dejar de lado el hecho de que nuestro ambiente y entorno cercano (el hogar, la familia y los padres) nos influye por lo que podemos aprender tanto las cosas buenas como cosas malas.

“De hecho, aprendemos las dos cosas. Los papás nos enseñan queriendo o sin querer, porque al final lo que educa no son los buenos consejos, sino el testimonio que nos dan en casa. Y a lo mejor nuestros padres, nuestros abuelos, nuestra familia nos puede dar siempre buenos consejos, pero también pueden darnos malos ejemplos”, indica.

“Todas estas prácticas, como lo son las constelaciones familiares”, puntualiza el padre exorcista, “se contraponen a la enseñanza de la Iglesia simplemente por ser supersticiosas, por no tener ningún sustento y porque todo este tipo de prácticas se sostienen porque no dejan de ser sensacionalistas, no dejan de ser prácticas que nos alejan de Dios y que nos hacen desconfiar de su misericordia”.

¿Qué confusiones espirituales pueden provocar?

El sacerdote apunta que la persona que ha participado en esas prácticas e ideologías supersticiosas está incurriendo en una actividad pseudorreligiosa que desvía a la gente de la auténtica fe, de la auténtica piedad, porque realizan cosas sin ningún sustento de fe, ni religioso, ni mucho menos científico.

“Este tipo de prácticas se mezclan con pseudociencias, como la astronomía o cualquier otro tipo de prácticas esotéricas que pretenden influir en la vida de las personas y a lo mejor sanar heridas, sanar hasta el cuerpo y eso definitivamente no tiene ningún sustento ni en la fe ni en la ciencia. Por lo tanto, lo que no tiene un fundamento ni en la fe ni en la ciencia no deja de ser pernicioso”, explica.

El padre Medel Ortega subraya que la auténtica fe, “la verdadera fe”, se sostiene de una práctica racional porque exige la razón humana y, por lo tanto, es muy complicado que nuestra fe cristiana, acepte cosas irracionales y sin sustento “solo porque sí”.

“Estas prácticas mezclan todo tipo de posturas, sin ningún sustento, sin ninguna validación de ninguna índole; son simplemente creencias que no solamente atrapan a la persona en estas ideas supersticiosas que no dejan de ser esclavizantes, sino que incluso quienes están metidos en esas cosas, y le dan la espalda a Dios, le están abriendo la puerta al demonio y a sus influjos”, asevera.

¿Cuáles son los riesgos que se corren?

El riesgo espiritual de participar en este tipo de terapias alternativas no consiste simplemente en hablar de la familia o de los antepasados. El problema aparece cuando se atribuye a esas relaciones una explicación que no corresponde a la fe católica y, por ende, a las posibles confusiones que puedan generar, entre las que se encuentran:

  1. Pensar que heredamos los pecados de nuestros antepasados. La Iglesia enseña que cada persona responde por sus propios actos.
  2. Creer que existen “cargas espirituales” familiares que necesitan ser desbloqueadas. Esta idea puede sustituir la comprensión cristiana de la gracia, el pecado y la conversión por una explicación basada en fuerzas o mecanismos invisibles.
  3. Atribuir a los muertos una influencia espiritual que la Iglesia no enseña. La doctrina católica sí cree en la comunión de los santos y permite rezar por los difuntos, pero eso no significa que los pecados de una persona fallecida puedan transmitirse espiritualmente a sus descendientes.
  4. Confundir la Eucaristía y otros sacramentos con mecanismos de “liberación”. No debe utilizarse la Misa como un procedimiento para romper supuestos vínculos de pecado heredados. La Eucaristía no es una técnica terapéutica ni un ritual mágico.
  5. Desplazar la confianza en Dios hacia técnicas o fuerzas impersonales. La Santa Sede advierte que algunas corrientes sustituyen al Dios personal revelado en Jesucristo por conceptos como energía cósmica, conciencia universal o fuerzas impersonales. Esa visión es incompatible con la fe cristiana.

¿Por qué ha ganado popularidad entre algunos católicos?

El padre Ángel Espinosa de los Monteros señala que “desgraciadamente” las llamadas constelaciones familiares han ganado popularidad entre algunos católicos por tres razones fundamentalmente:

  1. Primero, porque toca una realidad profundamente humana: el deseo de comprender y sanar las heridas familiares. En eso estamos todos de acuerdo. ¿Quién tiene una vida perfecta? No existe nadie que la tenga.
  2. Segundo, porque ofrece una experiencia intensa y emocionalmente catártica que te puede transformar y que muchos confunden con una experiencia espiritual, pero no es exactamente espiritual, es una experiencia emocionalmente muy fuerte.
  3. Y tercero, porque emplea un lenguaje aparentemente compatible con la fe, habla de orden, de reconciliación, de honrar a los padres, de sanar el linaje. Todo eso puede sonar cristiano, pero está lejos de serlo.

Por esta razón, advierte el sacerdote en un video difundido en su canal de YouTube, “la Iglesia ha advertido de los peligros de este tipo de métodos porque pueden abrir puertas a influencias espirituales indebidas, generar confusión doctrinal y alejar a las personas de los sacramentos, de la confesión y de la verdadera conversión del corazón”. 

La sanación del alma, subraya en su publicación, no se logra con frases teatrales dirigidas a un abuelo que sufrió en la guerra y que ya no existe, sino con una vida nueva en Cristo, con humildad, perdón y entrega total a la gracia.

“La fe católica no necesita constelaciones porque tiene luz más que suficiente en la revelación. Lo que sana el alma no es la energía del sistema familiar, sino la sangre de Cristo. Quien quiera sanar su historia familiar no necesita invocar ancestros, necesita confesar sus pecados, perdonar con el corazón y permitir que Cristo reine en su vida completamente”, afirma el padre Espinosa de los Monteros.

Entonces, ¿qué puede hacer un católico que tiene problemas familiares?

Al cuestionarlo sobre qué es lo que puede hacer un católico para enfrentar los problemas y los conflictos familiares que enfrenta y evitar involucrarse en las llamadas constelaciones familiares, el padre Medel Ortega, propuso lo siguiente:

  • Practicar la fe y la vida sacramental: “Que el creyente practique su fe como es debido, viva su vida sacramental, se eduque y se catequice para poder enfrentar el mal que se presenta en todas partes, incluyendo a su propia familia”.
  • Romper con las conductas y prácticas del pasado: “El creyente debe comprender que, si bien el pasado familiar le concierne, tiene la capacidad de decidir y romper con las malas conductas, formas de pensar o prácticas supersticiosas que haya heredado o aprendido en su hogar, asumiendo una respuesta de fe personal y tomando sus propias decisiones”.
  • No tener miedo a los problemas: “Se señala que no hay que espantarse ni tener miedo de las dificultades normales que surgen en cualquier familia, en lugar de esperar solucionarlas bajo el influjo de creencias supersticiosas”.
  • Acudir a la Pastoral Familiar: Si se requiere un apoyo especializado, la Iglesia ofrece la Pastoral Familiar, la cual:
    • “Orienta a los padres con respecto a sus hijos, a los hijos con respecto a sus padres y a la familia en general para enfrentar las dificultades cotidianas”.
    • “Ayuda a las personas a enfrentar sus errores, pecados y dificultades para salir adelante”.
    • “Busca que la familia alcance el ideal propuesto por el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, convirtiéndose en un auténtico santuario y en una iglesia doméstica.

Busquemos la verdad y la ayuda profesional

Frente a la búsqueda de una explicación oculta para los problemas familiares, la propuesta cristiana es mucho más concreta: conocer la propia historia sin quedar esclavizado por ella; reconocer las heridas sin convertirlas en una maldición; asumir la responsabilidad personal; pedir ayuda cuando sea necesario; aprender a dialogar; buscar el perdón y la reconciliación cuando sean posibles; y poner la propia vida en manos de Jesucristo.

Como recordó el Papa León XIV con motivo del décimo aniversario de la Exhortación Apostólica Amoris laetitia, la familia es un don de Dios y una verdadera “Iglesia doméstica”, llamada a ser lugar de transmisión de la fe y de crecimiento humano.

La Iglesia, por tanto, no invita a los católicos a buscar en fuerzas ocultas, energías familiares o culpas heredadas la explicación última de sus sufrimientos. Los invita a buscar la verdad, la ayuda profesional cuando sea necesaria, el acompañamiento pastoral, el perdón y, sobre todo, a Cristo, cuya gracia no se transmite como una técnica, sino que se recibe como don y transforma a la persona desde dentro.

https://desdelafe.mx/noticias/sabias-que/cargas-con-los-pecados-de-tus-antepasados-la-verdad-sobre-las-constelaciones-familiares

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