Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Cuando entras en una iglesia, quizá veas una pequeña lámpara de color rojo junto al Sagrario. Para muchos puede parecer un simple adorno, pero para un católico tiene un significado profundo: esa luz indica que Jesús está realmente presente en la Sagrada Eucaristía.

No es una tradición sin sentido. Esa llama permanece encendida para recordar a los fieles que el Señor habita ahí sacramentalmente y espera a quienes desean visitarlo, adorarlo y abrirle el corazón.

Cada vez que esa luz roja está encendida, nos invita a hacer una reverencia, a guardar silencio y a reconocer que nos encontramos ante el Rey de reyes. Es un llamado a detenernos unos momentos para hablar con Él, darle gracias, pedirle ayuda o simplemente permanecer en su presencia.

Qué hermoso sería que nunca pasáramos de largo frente a un templo sin recordar que ahí nos espera Jesús. Él permanece día y noche en el Sagrario, ofreciendo consuelo al afligido, fortaleza al débil y esperanza al que confía en su amor.

La próxima vez que veas esa pequeña luz roja, recuerda que no anuncia una ausencia, sino la presencia real de Cristo. Él está ahí, esperándote con el mismo amor con el que entregó su vida por ti en la Cruz.

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