Hola, buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El -1
Estos días estoy comprobando que, en el monasterio, tenemos dos maneras de refrescarnos ante el calor.
Por un lado, hay un ventilador en locutorio. Da sensación de frescor. Pero hay una condición: tienes que permanecer delante de él. Basta con salir de su radio de acción para volver a sentir el calor. En realidad, no cambia la temperatura de la habitación; simplemente mueve el aire.
Por otro lado, están las bóvedas. Se encuentran en el piso -1 del monasterio y, aunque fuera las temperaturas sean muy altas, allí siempre se mantiene el fresco. Durante el verano bajamos cada día para el recreo. Al entrar, el alivio es real. Hasta olvidas por un momento el calor que hace fuera. No dependes de un aparato ni de permanecer inmóvil en un único sitio.
Pero para disfrutar de ese frescor hay que hacer algo muy sencillo: cambiar de entorno, desplazarnos al -1
Mientras oraba, pensaba en el verano y en las vacaciones que muchos estáis a punto de comenzar. ¿Como buscar maneras de desconectar del cansancio y de las prisas acumuladas durante el curso? Existen muchos “ventiladores”: actividades, planes, viajes… Todo eso puede aliviar durante un rato. Pero lo que realmente reconstruye el corazón es Él.
Busca ese lugar donde puedas encontrarte con Jesús. Un rato de oración, la lectura de un buen libro, un paseo en silencio, Eucaristía vivida sin prisas… Espacios donde Él pueda volver a poner cimientos firmes en tu vida.
Porque cuando el corazón descansa en Cristo, la paz y el gozo no desaparecen al cambiar de ambiente. Es un frescor que impregna todo el ser y que nos ayuda a volver a la vida cotidiana renovados por dentro.
Las vacaciones son un regalo del Señor para vivir el aquí y el ahora en plenitud.
Hoy, el reto del amor es que en estas vacaciones, bajes al -1 de tu interior. Organiza espacios para estar con Jesús, leer un buen libro, disfrutar de cada momento y dejar que Él renueve tu corazón.
El verdadero descanso siempre nace de Él.
VIVE DE CRISTO
