Por Jaqueline Rivera García/CONAEV
Queridos hermanos este fin de semana sábado 21 de marzo de 2026 concluimos la Semana de la Vida con la Marcha por la Vida por las calles y avenidas de San Andrés Tuxtla, Veracruz.
En este año 2026 el Mensaje de la Dimensión Episcopal de Vida nos invita a todos a ser conscientes de la necesidad de dirigir nuestra atención y acción hacia un cuidado integral de la vida humana. Y pone a nuestra consideración las enseñanzas del Concilio Vaticano II, específicamente la Constitución Pastoral Gaudium et Sepes, sobre la Iglesia en el Mundo actual, que dice: “Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte…. Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida” (cfr. GS, 22).
El Mensaje de la Dimensión Episcopal de Vida nos dice que: “Hablar del cuidado integral implica superar una visión reduccionista de la persona. El ser humano es mucho más que un organismo biológico que requiere atención médica, es la unidad de cuerpo y espíritu, inserto en una red de relaciones familiares, sociales, religiosas y culturales.
Por ello, el cuidado auténtico debe atender tanto las necesidades físicas como las afectivas, sociales y espirituales. La Iglesia llama a que la salud no se vea solamente como ausencia de enfermedad, sino como un estado de bien integral que permita a la persona desarrollarse plenamente conforme a su dignidad”. Recordemos que en nuestro VI Plan Diocesano de Pastoral una de las cinco prioridades es la Familia.
- El Objetivo de esta Prioridad es: impulsar la Evangelización integral de las Familias, para que como célula vital e Iglesia domestica sean trasmisoras de la fe, la celebren y la testimonien en el mundo de hoy.
Esperamos que con la realización de la Semana por la Vida 2026, se contribuya a la apertura de nuestra conciencia a la luz de la verdad para ser mensajeros de la esperanza y la vida. Igualmente, alejémonos de la oscuridad de la mentira. Frente a la cultura de la muerte y del descarte, nuestra respuesta debe ser un compromiso firme y decidido por la cultura de la vida y la dignidad humana. Esto implica:
- Formar la conciencia, iluminada por la verdad. Es fundamental educarla en la luz del Evangelio y la enseñanza de la Iglesia para evitar caer en el error y la confusión moral.
- Defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural. La Iglesia nos llama a velar por las personas en sus etapas vulnerables, especialmente a los no nacidos y a los ancianos. No podemos callar ante leyes injustas que atentan contra la dignidad humana. Como dijo San Juan Pablo II: “una nación que mata a sus hijos no tiene futuro”.
- Promover la familia y la educación en valores. La familia es el primer ámbito donde se aprende a amar y respetar la vida. Es necesario fortalecer el matrimonio, la educación en la fe y los valores cristianos para que las nuevas generaciones crezcan en una cultura de respeto y solidaridad.
- Combatir la violencia con la paz del Evangelio. No podemos resignarnos ante la violencia. La paz comienza en el corazón de cada persona y se construye con justicia. Como nos recuerda el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: “la paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad” (CDSI, 494).
- Acompañar a las víctimas de la violencia. Como Iglesia, estamos llamados a ser samaritanos que sanan las heridas de quienes han sufrido la violencia. La misericordia es un testimonio concreto de la esperanza cristiana.
- Fortalecer la evangelización y el compromiso social. No basta con denunciar el mal, es necesario anunciar la Buena Nueva de Cristo. Debemos estar presentes en todos los espacios donde se necesite consuelo y acompañamiento.
Seamos mensajeros permanentes de la esperanza y de la vida, aceptando y respetando con amor la maternidad como Don de Dios. Seamos siempre mensajeros de la esperanza y de la vida, acogiendo con amor al enfermo, al débil y al vulnerable. Seamos mensajeros de la esperanza y de la vida, rehabilitando a quienes han caído en las garras del crimen. La dignidad humana se ha visto seriamente dañada por el secuestro, la extorsión y la violencia. Además, continuemos siendo mensajeros de la esperanza y de la vida con los migrantes.
- Queridos hermanos: la situación que enfrentamos en México es desafiante, pero tenemos la certeza de que Dios camina con su pueblo, y nosotros estamos llamados a ser testigos y mensajeros de la esperanza y de la vida. Que la esperanza sea un faro que oriente nuestro caminar, porque sabemos que el Amor nos ha salvado y nos sostiene. Oremos con confianza y comprometámonos con valentía y trabajemos juntos por un México donde la vida sea respetada y promovida en todas sus etapas.
Que Santa María de Guadalupe, Madre de la Vida, interceda por nosotros y nos ayude a ser constructores de una auténtica cultura de la vida. Que seamos promotores y defensores de la Familia y la Vida con la ayuda de Dios y la intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret. Que así sea.
