Si hubiera que elegir un solo tema del que ya se haya hablado desde la antigüedad, que se aborda en la actualidad y aún en el futuro seguirá en boca de todos, sin perder su vigencia y encanto, ese tema sin duda sería el amor. Poetas, filósofos, teólogos, artistas, científicos… innumerables pensadores han dedicado al menos algún momento a reflexionar en torno a éste concepto y aun así, no se ha logrado agotar la totalidad del tema. Siempre habrá algo nuevo que decir en torno del amor.

La Biblia, de principio a fin, es la mayor historia de Amor, pues es Dios, el Amor mismo, quien desde antes de la creación nos pensó, luego nos creó y nos amó aun siendo pecadores, hasta el extremo de mandar a su propio Hijo para redimirnos. Desde el principio hasta el final, se narra el Amor de Dios hacia nosotros, que una y otra vez sale a nuestro encuentro para llevarnos hacia Él, a pesar de nuestra rebeldía y debilidad. A pesar de que una y otra vez pecamos, nos alejamos de Él y evitemos salir a su encuentro.

Hoy quiero compartirles un versículo, que por sí mismo dice mucho, aunque el capítulo completo en el que lo encontramos es igual de hermoso: “Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (1 Jn. 4, 7).

Hoy en día puede pasar que al escuchar del amor, nos imaginemos en un primer momento, la relación entre unos novios o esposos. Si utilizamos algún buscador de internet tecleando “canciones de amor”, puede que encontremos que varias hablen de alguna situación fugaz, efímera, de un primer momento que ven a una persona atractiva e intentan conquistarla aunque esté casada. O de alguien que se hizo ilusiones sin conocer bien a la otra persona y ahora enfrenta una desilusión. Eso no es el amor, es pasión, deseo, ni siquiera enamoramiento en varios casos.

Amémonos, es una sola palabra, que se dice fácil. Pero pensemos, en especial éste mes que se conmemoran el amor, la amistad y además coincide con el inicio de la Cuaresma, que el mayor acto de amor, no fue comprando un jardín entero de rosas, escribiendo un libro de poesías, llevando una mega serenata o dibujando corazones en papeles. Fue en silencio, y en una cruz. Podemos amar porque fuimos amados primero por Dios.

Así es muchas veces como podemos vivir el amor día a día, cargando nuestra cruz en silencio, con paz y amor. Con los hijos, el esposo, la esposa, los papás, los hermanos, compañeros de clase, maestros, amigos, el novio o la novia. En muchos momentos no va a ser una emoción de alegría y añorar ver pronto a la persona amada, va a ser simplemente estar ahí a pesar de todo, acompañar en silencio, consolar durante un momento de sufrimiento, apoyar en las necesidades, hacer los quehaceres de la casa, perdonar después de una discusión, agradeciendo los gestos que solemos dar por hecho que deben hacerse, trabajar un poco más algún día para procurar que no les falte nada, esforzarnos por mejorar a nivel personal, escribiendo algún mensaje a aquella persona con la que hemos perdido el contacto. Eso es el amor.

Estamos hechos a imagen y semejanza del Amor mismo. La vocación universal de todos es amar, cada quien dependiendo de su vocación y estado de vida, lo hará de diferente forma. Así que aprovechemos éste mes para vivir al máximo ese amor con las personas que más cerca tenemos: nuestra familia, nuestra comunidad y nuestros amigos.

Lic. en Ciencias de la Familia

Luis Alberto Silva

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