Cancún, Quintana Roo.— Que un cura no está casado, ni tendrá familia propia. Sin esposa, sin hijos. Su familia son sus feligreses. Es un padre espiritual en la fe de la comunidad a la que sirve. Su futuro está en celebrar la Eucaristía en la misa todos los días, escuchar confesiones, ungir a los enfermos, servir a los que acuden a él en busca de ayuda. Un sacerdote puede servir en una parroquia solo por un mínimo de cinco a siete años. Después de eso, puede ser transferido a otra parroquia o asignado a un papel diferente en la Iglesia. Se apoya en su equipo de voluntarios, personal y fieles laicos. No esperes que él esté ahí todo el tiempo para ti.

Cuando das dinero a la Iglesia, te sorprenderá saber que el dinero no es para él porque ningún sacerdote gana un salario fijo. Reciben un estipendio para cubrir sus gastos básicos de alimentación, vestimenta y viaje. Ahorran cada centavo para irse de vacaciones y gran parte del dinero es obsequiado por amigos, parientes y simpatizantes, ya que no reciben licencia pagada como el resto de los que trabajamos.
Si bien trabajamos por una cantidad fija de horas con dos días libres a la semana, se espera que los sacerdotes estén disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Así que no te enfades si no te responde cuando lo necesitas. Ellos también son humanos con la misma fragilidad que nosotros.

Si escucha a alguien hablando mal de un sacerdote en particular, corrija a esa persona y no participe en chismes sin conocer los hechos. Recuerda que están solos y en ocasiones necesitarán compañía. Preste atención a sus necesidades emocionales, físicas y mentales. Acompáñalos si es necesario u ofréceles una mano amiga o incluso un aventón. No es fácil salir solo a las 2 o 3 de la mañana especialmente en barrios peligrosos para aconsejar o incluso ungir a alguien en su lecho de muerte. Si alguien acude a ellos a esa hora en busca de ayuda, tienen que levantarse de su sueño profundo y aún se espera que celebren Misa por la mañana. ¿Quién está ahí para ellos cuando están enfermos o tienen emergencias en medio de la noche? Sin embargo, están obligados a cumplir con sus deberes porque, si no ellos, ¿quién?

Recuerde sus cumpleaños, aniversarios de ordenación y eventos importantes en sus vidas. Celebra con ellos, llora con ellos. Ofrezca un hombro en el que apoyarse. Si se caen, no juzgues ni critiques. Levántalos y ayúdalos en su viaje en la vida. No se ofenda si no están a la altura de sus expectativas. Ningún sacerdote es perfecto.

Cuidad, pues, de vuestros sacerdotes, acordaos de los que os bautizaron, confirmaron, casaron y ungieron. Los que ofrecen misas por tus intenciones y oran por ti. Que Dios bendiga a nuestros sacerdotes en el nombre de Jesús, nuestro eterno Sumo Sacerdote.

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