¿Hasta cuándo detener un tratamiento terminal? Expertas explican cómo aliviar el sufrimiento y acompañar al paciente con cuidados paliativos hasta el final.
POR Jorge Reyes
¿Hasta cuándo luchar por prolongar la vida de un enfermo terminal? Cuando la medicina ya no puede curar y cada nuevo tratamiento representa un desgaste físico y emocional, las familias enfrentan una de las decisiones más dolorosas de su vida: insistir en intervenciones que quizá ya no ofrecen beneficios o aceptar que ha llegado el momento de cambiar el objetivo de la atención médica. Pero ¿dejar de luchar contra una enfermedad significa abandonar al paciente?
En medio de este dilema, la eutanasia suele presentarse como una respuesta al sufrimiento y una manera de poner fin a una vida marcada por el dolor. Sin embargo, ¿provocar la muerte es la única salida cuando ya no hay posibilidades de curación? Desde la bioética, el desafío consiste en reconocer los límites de la medicina sin perder de vista que la dignidad de una persona no desaparece con la enfermedad, la dependencia o la cercanía de la muerte.
La Dra. María de la Luz Casas Martínez, especialista en bioética, y la Dra. Elizabeth Arce de la Vega, investigadora en este campo, explican por qué no se debe prolongar un tratamiento que ha dejado de beneficiar al enfermo, pero tampoco confundir esa decisión con renunciar a su cuidado.
La adecuación del esfuerzo terapéutico, los cuidados paliativos y el acompañamiento físico, psicológico, familiar y espiritual permiten afrontar el final de la vida sin recurrir a acciones destinadas a provocar la muerte. Porque cuando ya no es posible curar, siempre queda algo fundamental por hacer: aliviar el sufrimiento, acompañar al enfermo y cuidar su dignidad hasta el final de su vida natural.
¿Cuándo es momento de suspender un tratamiento médico?
Frente a la dolorosa realidad de que un ser querido fue diagnosticado con una enfermedad terminal, las familias y los médicos se enfrentan constantemente al dilema de hasta cuándo insistir con los tratamientos médicos.
Para la Dra. María de la Luz Casas Martínez, profesora de posgrado en bioética de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la respuesta ética y médica no radica en prolongar la agonía del paciente a toda costa, sino en aplicar lo que en el campo médico se conoce como la adecuación del esfuerzo terapéutico.
En entrevista con Desde la fe, la especialista explica que la ciencia médica tiene un límite natural que debe ser respetado:
“Llega un momento en que la medicina ya no puede ir en contra del fin de vida de esa persona, simplemente porque los medios médicos que tenemos nosotros ya no son suficientes, por más que la ciencia haya avanzado”, subraya.
Cuando la muerte es inminente, asegura la también profesora honoraria de Ciencias de la Salud de la Universidad Panamericana, el empeño por aplicar tratamientos curativos o intervenciones desproporcionadas deja de ser ético.
En palabras de la doctora, “el médico nunca debería de aceptar realizar acciones a un paciente, acciones que no le van a beneficiar, que solamente van a prolongar la agonía”, pues el objetivo primordial de la medicina en esta etapa debe ser el bienestar del enfermo y evitar que se siga “alargando su sufrimiento”.
Cuidados paliativos y sedación: la verdadera muerte digna
A diferencia de las corrientes que promueven la eutanasia —a la cual la Dra. Casas Martínez califica como una “muerte provocada” y, en sentido estricto, como un “asesinato“—, la bioética propone los cuidados paliativos como la vía para garantizar una partida sin dolor y con el máximo confort posible para el enfermo.
Cuando los síntomas como el dolor, la asfixia o las náuseas se vuelven médicamente incontrolables, la Iglesia y la ética médica respaldan el uso de la sedación paliativa, que consiste en dormir al paciente. La Dra. Casas es enfática en diferenciar este procedimiento de la eutanasia:
“La idea de la sedación paliativa nunca es terminar la vida de un paciente, porque la vida es sagrada, no solamente para los cristianos, sino para los médicos que hemos jurado que nosotros vamos a conservar la vida”.
Este procedimiento, explica, permite que el enfermo se despida de sus seres queridos, arregle su vida espiritual y, posteriormente, con su permiso o el de su familia, sea llevado a “dormir placenteramente sin quitarle la vida hasta que fallezca” de manera natural.
El sentido cristiano del final de la vida
Para los creyentes, el proceso de morir no debe ser visto bajo una óptica puramente materialista o utilitaria, indica la Dra. Casas Martínez y recuerda que, desde la perspectiva cristiana, la dignidad no se pierde con la enfermedad y que el fin de la existencia terrenal debe ser un proceso acompañado de amor y fe:
“La muerte digna realmente es, en primer lugar, cuando la vida natural termine. Si somos cristianos, pues es cuando Dios lo decida”.
Por ello, el llamado para las familias y la sociedad es a construir una red de apoyo que brinde un acompañamiento integral en cuatro pilares:
- El físico, exigiendo cuidados paliativos.
- El familiar, rodeando al enfermo de afecto.
- El psicológico, buscando el apoyo profesional para enfrentar este proceso.
- El espiritual, proporcionando los auxilios de la fe para que el paso a la vida eterna sea lo más tranquilo posible.
La sedación paliativa no se debe comparar con la eutanasia
Ante el cuestionamiento de si los promotores de la eutanasia podrían argumentar que la sedación paliativa es una forma de esta práctica, la especialista en bioética es categórica al rechazar tal comparación y explica que este argumento suele utilizarse de manera sesgada.
“No, porque eso muchas veces se ha querido equiparar así precisamente para que se [acepte] la eutanasia. Pero definitivamente no son esquemas similares“. De hecho, aclara que cualquier especialista en cuidados paliativos rechazará tajantemente esta idea, debido a que “en primer lugar, la intención no es que el paciente muera“, sino que “la intención es que los síntomas desaparezcan, los síntomas sumamente desagradables”.
La diferencia también radica en el rigor científico y médico con el que se administra este procedimiento, asegura la Dra. Casas Martínez y detalla que, a diferencia de un acto eutanásico, en la sedación paliativa “las dosis que se utilizan están en un protocolo”, de la misma manera en que se calcula la dosis de un antibiótico o de un relajante muscular para dormir a una persona. Aunque en casos muy lejanos y aislados la reacción de un paciente a dosis altas por dolores extremos pueda acelerar el fin de la vida, esto nunca constituye el objetivo del procedimiento.
En este tenor, la especialista enfatiza el valor ético y espiritual que separa de forma definitiva ambos conceptos, sobre todo al recordar el compromiso de la profesión médica con la preservación de la existencia. De este modo, la sedación se consolida como un recurso de compasión y alivio médico, totalmente opuesto a la provocación intencionada de la muerte.
Criterio para aplicar la sedación paliativa
La también profesora investigadora del Centro Interdisciplinario de Bioética de la Universidad Panamericana (CIBUP) explica que para llevar a cabo la aplicación de la sedación paliativa se requiere cumplir con uno de los tres siguientes criterios fundamentales:
- Respeto a la voluntad del paciente, idealmente plasmada de forma legal, por lo que se debe evaluar “si la persona ha firmado un documento que se llama de voluntades anticipadas”, que se firma cuando el paciente está todavía “en un sano juicio” con el fin de pedir que “ya no hagan maniobras extraordinarias o una serie de procedimientos” al final de su vida. En caso de no contar con este documento, el paciente consciente conserva el derecho de solicitar la sedación directamente a su médico si se encuentra sufriendo.
- La presencia de síntomas refractarios o intolerables. Es un criterio de carácter estrictamente clínico, es decir, que “la razón para llegar a la sedación es que los síntomas sean incontrolables desde el punto de vista de los tratamientos médicos que tenemos actualmente”. Es decir, cuando el dolor, la asfixia o las náuseas no se pueden mitigar con terapias convencionales, se justifica recurrir a este procedimiento, el cual puede graduarse “desde bastante leve, si así lo necesita esa persona para estar tranquila, hasta dormirlos como si fuera una anestesia”.
- Cuando el enfermo ya ha perdido la capacidad de comunicarse. Si el paciente se encuentra inconsciente y presenta síntomas que alarman a sus seres queridos, “la familia lo puede solicitar”, bajo la condición de que “todo debe de ser por escrito”. Si en el ámbito hospitalario no se cuenta con un documento de voluntades anticipadas que designe a un representante, la sedación paliativa se puede autorizar y llevar a cabo mediante “el consenso de dos médicos”, garantizando así un respaldo ético y profesional para el bienestar del enfermo.
Asimilar la noticia y comenzar a procesar la pérdida
Frente a un diagnóstico fatal, la Dra. Casas Martínez reconoce que el primer gran desafío para las familias es asimilar la noticia y comenzar a procesar la pérdida. La especialista explica que “cuando se tiene un diagnóstico fatal, lo primero es tratar de superar el duelo”.
Advierte que la aceptación no ocurre de manera inmediata, pues “es realmente un proceso que muchas veces no es de un momento al otro”. Sin embargo, una vez que se asimila la realidad, el camino a seguir es “enfrentarlo y enfrentarlo con los medios psicológicos, económicos y espirituales que tenemos“.
Al dirigirse con profunda empatía tanto a los enfermos como a sus seres queridos, la doctora les recuerda que, aunque se trata de “un momento realmente crítico en la vida”, es posible hallar fortaleza en las convicciones más profundas. Por ello, los alienta a “hacerle frente no solamente con esa consistencia que nos da nuestro sistema de creencias, sobre todo si somos cristianos”, sino también buscando todos los apoyos necesarios para sobrellevar esta etapa tan compleja.
Finalmente, la especialista enfatiza que la clave para transitar por este proceso radica en no aislarse y en apoyarse en un cuidado integral que abarque todas las dimensiones del ser humano.
“Por supuesto, se requiere la ayuda psicológica, se requiere la ayuda física, que es el precisamente la médica, y se requiere la ayuda espiritual”, detalla la Dra. Casas Martínez, quien concluye con un mensaje de unidad y esperanza, para recordar el papel histórico del núcleo familiar: “La familia es nuestra red de apoyo y juntos, en toda la historia de la humanidad, hemos enfrentado el fin de vida”.
¿Se está normalizando la eutanasia en el mundo?
Para la Dra. Elizabeth Arce de la Vega, investigadora del Centro de Estudios de Familia, Bioética y de Sociedad (CEFABIOS) de la Universidad Pontificia de México, la percepción de que la eutanasia se está normalizando a nivel mundial no es del todo precisa, pues desde su perspectiva este fenómeno responde más bien a la difusión mediática actual.
“A mí me parece que no es que se esté normalizando. Son los alcances de la comunicación global”, señala. Aunque reconoce que existen grupos interesados en promover su legalización en todas partes, incluso en México, en donde, recuerda, esta práctica se encuentra prohibida.
La bioeticista y doctorante en la Universidad Panamericana enfatiza que, incluso en los pocos lugares donde está permitida —12 países en todo el mundo—, el acceso a este procedimiento no es sencillo ni inmediato.
“Tenemos que considerar que esos procesos llevan mucho tiempo, no es que una persona decida pedir ‘¿sabes qué?, quiero la eutanasia’ y se la den, no. Son procesos revisados, estudiados que pueden durar entre 6 meses a 1 año”, ya que los solicitantes “realmente tienen que estar en condiciones terminales para poder acceder a ellos”, lo que implica evaluaciones y ponderaciones éticas muy rigurosas.
En el contexto nacional, Arce de la Vega considera que la normalización de la eutanasia se enfrenta a barreras culturales y de valores muy profundas. “De acuerdo a la concepción ética moral y de las creencias de México me parece que va a ser un poquito complicado que ingrese así naturalmente o normalizadamente”.
Por ello, la investigadora propone desviar la atención de este debate para centrarse en lo verdaderamente urgente: fortalecer el núcleo familiar, la planificación y el acompañamiento médico al final de la vida. “Lo importante ahorita es la comunicación con la familia, cuidados paliativos, el cuidado del paciente y su calidad de vida. Eso es lo que a mí me parece”.
¿Por qué los cuidados paliativos son la mejor alternativa?
La Dra. Arce de la Vega asegura que los cuidados paliativos representan la mejor alternativa para un enfermo terminal porque se centran en aliviar el sufrimiento y asegurar el bienestar del paciente en sus últimos momentos, cuando ya no existe una evolución hacia la vida.
Explica que a diferencia de la eutanasia, que termina con la vida de forma inmediata mediante la aplicación directa de fármacos, en los cuidados paliativos “lo único que se hace es ir dando dosis pequeñitas para que el paciente se vaya manteniendo sin dolor, pero tranquilo y confortable”. Así, este soporte médico permite reducir el dolor para que el cuerpo realice su “proceso natural de muerte” de manera pacífica y digna.
Otro beneficio fundamental de esta opción es que respeta la autonomía y la comodidad del enfermo, permitiéndole evitar el desgaste de tratamientos desproporcionados. De esta manera, se prioriza la calidad de vida del paciente en lugar de prolongar la existencia de forma artificial por unos días o semanas, lo cual resultaría sumamente desgastante para todo el entorno familiar.
De la misma manera, asevera, los cuidados paliativos abren un espacio indispensable para la unión y la comunicación familiar, ayudando a evitar futuras cargas emocionales y de culpa entre los seres queridos.
¿Derecho a decidir o cuidar la vida del paciente?
En entrevista con Desde la fe, la bioeticista comenta que la distinción entre el derecho a decidir y la responsabilidad de cuidar la vida representa “uno de los dilemas centrales en la práctica clínica y bioética del final de la vida”, por lo que la clave para resolver este conflicto ético y moral, que suele afectar tanto a los médicos como a los familiares, radica en evaluar la utilidad real de los procedimientos médicos.
Según señala, la responsabilidad de cuidar la vida no implica prolongarla a cualquier costo, ya que “un tratamiento debe de mantenerse solo mientras ofrezca un beneficio real al paciente y no se convierta en una carga desproporcionada, económica, de sufrimiento para el enfermo, de sufrimiento emocional para la familia”.
En este sentido, indica, existen criterios clínicos y éticos muy claros para determinar el momento adecuado en el que se debe detener una intervención, pero en general un tratamiento debe suspenderse cuando se vuelve inútil para su objetivo de curación, como ocurre cuando un cáncer hace metástasis generalizada y ya no responde a los fármacos.
En tales circunstancias, insistir en procedimientos obstinados carece de sentido porque “ya no está en beneficio de la vida del paciente, no tenemos una evolución a vida”. Bajo esta perspectiva, prolongar la existencia de manera artificial por solo unos días o semanas no tiene justificación si no ofrece una expectativa real de recuperación, siendo el inicio de los cuidados paliativos la vía adecuada para priorizar la calidad de vida.
La investigadora destaca que la decisión sobre el límite de los tratamientos recae primordialmente en la autonomía del enfermo y en su entorno cercano, por lo que los médicos sólo deben intervenir directamente en la toma de decisiones en “casos extremos” donde el paciente esté incapacitado para expresarse y no haya un responsable legal que pueda hacerlo.
Fudamental la comunicación familiar sobre la voluntad anticipada
La especialista señala que es fundamental que se impulse y establezca una cultura de comunicación familiar para hablar sobre la voluntad anticipada de cada uno de los miembros porque, en los momentos más críticos de una enfermedad, la familia se convierte en el núcleo determinante para la toma de decisiones médicas.
Sin embargo, es común que este tema se evite en los hogares debido al temor natural que genera pero, advierte la Dra. Arce de la Vega, el silencio previo suele dejar a los seres queridos en una posición de profunda incertidumbre: “muchos pacientes caen en la inconsciencia y la familia nunca supo qué quería y entonces vienen las cargas emocionales, viene el desgaste de no saber qué quería mi mamá o qué quería mi papá o qué quería mi esposo”.
Hablar a tiempo sobre si se desea o no ser intubado o resucitado ante un accidente o enfermedad grave evita heredar estas dolorosas dudas y permite respetar la verdadera voluntad del paciente.
Asimismo, explica, la falta de un diálogo abierto puede llevar a que las familias, movidas por el afecto pero también por la desinformación, prolonguen el sufrimiento de sus enfermos con tratamientos desproporcionados, ya que por ignorancia, se le suele presionar para, por ejemplo, continuar con terapias sumamente desgastantes bajo la falsa creencia de que detenerlas es sinónimo de rendición.
“No, pues es que si no te vas a todas las 25 quimioterapias quiere decir que tú no estás luchando. Quiere decir que tú no quieres y te vas a dejar morir”. No obstante, recalca, cuando el cuerpo ya no tolera la carga médica, la verdadera compasión no radica en prolongar la agonía, sino en priorizar la calidad de vida, el confort y el alivio del dolor a través de los cuidados paliativos.
Impulsar esta conversación en los hogares, comenta, es la vía más humana y ética para evitar que se contemplen salidas extremas ante el sufrimiento, por ello es indispensable promover este diálogo, “para saber exactamente qué queremos y evitar llegar a una situación como ‘ay, pues queremos eutanasia’, porque nunca hablamos de lo importante”.
El verdadero camino para asegurar una transición digna, tranquila y sin dolor no radica en acelerar la muerte, puntualiza la Dra. Elizabeth Arce de la Vega, sino en fortalecer el acompañamiento familiar: “El mensaje aquí es que lo más importante es la familia que es el centro, es el núcleo y tenemos que aprender a comunicarnos para decidir qué vamos a querer“, para garantizar que el bienestar y el amor guíen el final de la vida.
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