En un videomensaje con motivo del cuadragésimo aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz celebrada en Asís, con el lema: «Paz desarmada y desarmante», el Santo Padre exhorta a los líderes religiosos y a los pueblos del mundo a recuperar el diálogo, la oración y la fraternidad frente a la creciente legitimación de la guerra.
Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano
Cuarenta años después del histórico encuentro del Espíritu de Asís, en el que el papa san Juan Pablo II destacó que «la paz es un valor que no conoce fronteras», la ciudad de san Francisco vuelve a convertirse en un lugar de diálogo entre personas de distintas culturas, lenguas y religiones. El Encuentro Internacional por la Paz, bajo el lema Una paz desarmada y desarmante, inspirado en el mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, se inauguró la tarde del domingo 25 de octubre.
Un encuentro, en el cual hoy estaba previsto, que el Papa León XIV viajara a la ciudad de San Francisco, pero “para continuar su recuperación tras la cirugía torácica a la que se sometió el pasado martes 13 de octubre, el Papa León XIV no estará presente en Asís el 27 de octubre». En su lugar, ha enviado un mensaje de cercanía «a los organizadores, líderes y representantes de las confesiones y religiones cristianas, así como a los invitados presentes, convencido de que el «espíritu de Asís», el diálogo y la búsqueda de palabras y gestos de paz son recursos valiosos en una época de conflictos”, como se lee en el comunicado emitido al respecto.
Rechazar toda justificación religiosa de la violencia
En su mensaje, transmitido en Asís, el Papa ha renovado el llamamiento de la Iglesia a trabajar por la paz y a rechazar toda justificación religiosa de la violencia. El Pontífice ha recordado la importancia histórica de aquella primera jornada de oración, que puso de manifiesto el vínculo profundo entre la auténtica experiencia religiosa y el compromiso con la paz.
Asimismo, ha saludado a los patriarcas y líderes religiosos reunidos en Asís, junto a monseñor Felice Accrocca, pastor de la Iglesia local, las familias franciscanas y los representantes de las distintas tradiciones religiosas. Aunque ha manifestado su deseo de encontrarse personalmente con ellos junto a la tumba de san Francisco, el Santo Padre ha destacado el valor del testimonio común que representa la fraternidad entre los pueblos y las religiones: «¡Vivir como hermanos y hermanas ya es posible!».
Recuperar el espíritu de Asís ante la amenaza de la guerra
En su mensaje, el Papa ha agradecido al Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y a la Comunidad de Sant’Egidio su compromiso continuado con el camino iniciado en 1986. En este sentido, ha recordado las palabras del papa Francisco, quien subrayó que aquella jornada no podía quedar como un acontecimiento aislado, sino que debía impulsar una búsqueda permanente de la paz.
El Santo Padre ha evocado también la invitación de san Juan Pablo II a «seguir viviendo el espíritu de Asís», una llamada que mantiene toda su actualidad en un contexto internacional marcado por los conflictos armados y el debilitamiento del diálogo entre las naciones. Al comparar el escenario actual con el de la Guerra Fría, el Pontífice ha advertido que las expectativas de una paz estable surgidas tras 1989 no se han cumplido. Citando su escrito Magnifica humanitas, ha señalado que la globalización no ha producido automáticamente unidad y paz, sino que también ha favorecido reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas.
“En este contexto, tiene lugar «una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional» (ibíd., 190). Traicionando así la memoria del siglo XX y la inútil matanza de millones de vidas humanas, una vez más —como se lee en el Catecismo de la Iglesia Católica— «la acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios.”
Esta lógica, ha recordado a la luz del Catecismo de la Iglesia Católica, corre el riesgo de perpetuar la desconfianza y de preparar nuevas confrontaciones en lugar de prevenirlas. Frente a esta cultura del poder, el Papa ha propuesto recuperar el espíritu de Asís como una experiencia de oración, mediación y diálogo, capaz de promover iniciativas creativas para construir un futuro de paz.
“Sí, porque la paz debe volver a ser el ideal común de los pueblos, la estrella que guía todas nuestras decisiones, el criterio que desenmascara la injusticia, el horizonte común de todas las personas.”
«La guerra nunca puede librarse en nombre de Dios»
Uno de los mensajes centrales del videomensaje ha sido el rechazo a cualquier intento de legitimar la violencia en nombre de la religión.
“¡Debemos reconstruir la paz en todas partes, no preparar más guerras! ¡La guerra nunca puede librarse en nombre de Dios! Para nosotros, los significa, en realidad,creyentes, «luchar en nombre de la religión golpear a la religión misma» (Magnifica humanitas, 223). No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!”
De este modo, ha invitado a los creyentes de todas las tradiciones a comprometerse con una convivencia basada en el respeto, la comprensión y la defensa de la dignidad humana.
La paz, ha señalado, debe volver a ser el ideal común de los pueblos, el horizonte que oriente las decisiones políticas y sociales y el criterio que permita reconocer y denunciar las injusticias.
La oración, fuerza humilde para transformar el mundo
El Santo Padre ha destacado que el camino iniciado en Asís es, ante todo, un camino de oración. Aunque pueda parecer débil ante los poderes del mundo, la oración constituye, según ha afirmado, la fuerza humilde de los creyentes y una forma de mantener viva la esperanza incluso en las circunstancias más difíciles.
“Nos dirigimos a Dios, dador de paz: que llegue al corazón de quienes desean la guerra y el terrorismo. Y no lo olvidemos: ¡nunca se reza en vano!”
Tras recordar la figura de san Francisco de Asís, cuyo octavo centenario de su muerte se celebra este año. El Santo Padre ha presentado su testimonio como una inspiración para una humanidad necesitada de diálogo, fraternidad y respeto por toda la creación. La oración, ha explicado, es también una escuela de diálogo con Dios, con los demás y con todas las criaturas.
El diálogo frente a la arrogancia y la violencia
El Papa ha exhortado a los líderes religiosos a promover un clima de diálogo entre los fieles y en el conjunto de la sociedad, de modo que el lenguaje de la arrogancia sea sustituido por el de la paz, la negociación y la comprensión. Este compromiso, ha señalado, puede contribuir a alejar progresivamente a la humanidad de la espiral de la violencia y a abrir caminos de entendimiento incluso en medio de las divisiones y los conflictos.
Al concluir su videomensaje, el Santo Padre ha confiado a la oración la esperanza de alcanzar la paz para todos los países del mundo y ha pedido a Dios que haga de los creyentes instrumentos desarmados de su paz. Su llamamiento final ha retomado las palabras del Evangelio de san Mateo: «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).
