¿Te has sentido cansado de servir en la Iglesia? El desgaste, la culpa y la falta de sentido pueden afectar a los agentes de pastoral. Conoce cómo aprender a poner límites, descansar y discernir el servicio.
POR Josselin Melara
Cuando un agente de pastoral comienza a sentirse cansado, agobiado o pierde el entusiasmo por el servicio, incluso experimenta tristeza o una sensación constante de desgaste, puede estar atravesando lo que se conoce como fatiga por compasión o desgaste por empatía. Se trata de una situación que puede surgir cuando la entrega constante a las necesidades de otras personas comienza a afectar el bienestar emocional de quien acompaña y sirve.
Este desgaste puede estar relacionado con la acumulación de actividades, responsabilidades y situaciones que los agentes de pastoral enfrentan dentro de la vida de la Iglesia. Sin embargo, uno de los desafíos más grandes puede ser aprender a poner límites al servicio y reconocer la necesidad de descansar. En ocasiones, quienes están acostumbrados a entregarse a los demás pueden experimentar culpa cuando necesitan detenerse, tomar distancia o dedicar tiempo a su propio descanso, como si hacerlo significara dejar de servir o comprometer su vocación.
César Pérez Padilla, responsable de CEFALAE en la Arquidiócesis Primada de México, lo ha vivido en carne propia y también en los servidores que ha conocido desde que él se convirtió en agente de pastoral:
Yo me convertí en MESAC cuando tenía 16 años. Recuerdo que me tocó llevarle la comunión a una enfermita en un hogar muy pobre, en una barranca. Esa vez, después de hacer oración y darle la comunión, ella falleció.
Fue una experiencia muy fuerte para mí, además tuve que acompañar a la familia y hacer la declaración médica de lo que ocurrió. Cuando se lo conté al sacerdote, no me dijo nada; es decir, no hubo acompañamiento. Y volví a vivir esta situación en siete ocasiones más. La última fue la más fuerte, pues me tocó asistir en sus últimos momentos a mi mamá.
César aprendió con el paso del tiempo que estas experiencias lo ayudaron a fortalecerse y servir mejor a aquellos que lo necesitan en experiencias difíciles. Sin embargo, surge una pregunta:
¿Qué ocurre cuanto estas y otras situaciones llegan a desgastar a quienes hacen apostolado y admiten que están cansados de servir en la Iglesia?
El cansancio de servir: una situación muy común entre los agentes de pastoral
En la Iglesia resulta muy común que las personas que atienden distintas realidades -especialmente dolorosas- lleguen a sentir agobio, cansancio y se vean tentadas a abandonar el servicio, pues más que un apostolado, empiezan a sentir una carga difícil de llevar.
César explica que también no ver los frutos que quisiéramos ver, la poca o nula respuesta de las personas con las que trabajamos y los malos tratos son los principales factores para que una persona se vea tentada a renunciar al apostolado que realiza en su comunidad.
“Esta situación es muy normal. De hecho sucede muchisímo”, admite César. “Si tengo algún coordinador o párroco que me está señalado a cada rato, es normal que uno cuestione qué hace en ese lugar. Entonces, el apostolado empieza a perder sentido.”
Esto se suma a las actividades de su vida cotidiana, donde también se presentan problemas y complicaciones que no permiten que el cuerpo ni el alma descanse.
Incluso, es normal que cuestionemos a Dios y “le regresemos” el servicio que en algún momento quisimos hacer.
El sentimiento de culpa
Hay casos de agentes de pastoral llegan a externar que se encuentran muy irritables, agobiados, expresan su enojo, tristezas y limitaciones.
Sin embargo, hay muchos otros se sienten culpables cuando dicen no a un servicio porque creen que están defraudando a Dios. Pero no tiene porqué ser así.
César pone un ejemplo de algo que vivió uno de sus agentes de pastoral:
Hace poco me encontré a una persona que no se encontraba realizando ningún servicio. Ella había sido MESAC -ministro extraordinario de la Eucaristía- por mucho tiempo. Era muy entregada y llevaba la comunión a enfermos y hacía distintas obras con familias. Pero un día, su esposo se enfermó y tuvo que cuidarlo.
Cuando me la encontré, su culpa era muchísima. Se sentía muy mal de no poder servir.
César, en esta situación, la ayudó cambiando la perspectiva de su servicio:
Le expliqué que el Señor la estaba enviando ahora a otro apostolado, con una manera diferente de servir, pero con su esposo. Eso no defrauda a Dios. Es más, es el mismo Dios quien pone los medios para poder acompañar a quienes nos necesitan en ciertos momentos.
Cuando llega la pérdida de sentido
En muchas ocasiones, nuestra confusión depende de la manera en cómo vemos el servicio que realizamos.
“Las cosas se ven catastróficas y del mal modo. Esto es una señal de algo está afectando internamente. Este es el momento en que tienes que decir: ‘Me detengo, Señor. Te miro y veo por qué inicié esto´. También es importante volver a preguntarle al Señor porqué nos llamó e inició en ese servicio”.
César recomienda que, cuando sintamos que hemos perdido el sentido, es importante volver a la fuente de nuestro servicio, a aquello que nos inspiró a comenzar nuestro apostolado.
“Nunca pierdas de vista la mirada de Dios. Nunca dejes de beber la fuente de su gracia. Porque sin Él nos perdemos, nos alejamos, nos confundimos, nos cansamos, nos agobiamos. Pero con Él decimos, ‘Vale la pena, Señor’”.
Acercarnos a Dios también nos ayuda a ver a los demás y reconocer que el valor de nuestro servicio es darnos a los demás. Todo toma sentido cuando nos ponemos en sus manos, especialmente cuando nos sentimos más cansados.
“Dios lo dijo en Su Palabra: ‘Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados porque yo les haré su carga ligera.’ Hay que pedirle a Dios que nos ayude a llevar nuestras cargas para empezar a ver las cosas de otra forma”.
¿Un buen servidor siempre debe estar disponible?
César comparte que, más que pensar únicamente en cuánto tiempo tenemos disponible para el servicio, es necesario reflexionar sobre la actitud y disposición con la que nos acercamos a los demás. Porque servir no siempre significa realizar grandes acciones ni disponer de horas libres; en ocasiones, se trata simplemente de detenerse, escuchar, acompañar o permanecer junto a alguien que necesita de nuestra presencia.
“En mi formación he aprendido que hay circunstancias en las que tienes que estar y acompañar en lo posible, porque es Dios quien te está poniendo a una persona en el camino”, comparte.
Desde esta perspectiva, el servicio también implica aprender a reconocer esas oportunidades cotidianas en las que Dios se hace presente a través de las personas que encontramos. A veces, una conversación, una palabra de aliento o unos minutos de escucha pueden convertirse en una forma concreta de acompañar a quien atraviesa un momento difícil.
Por ello, para César, la pregunta no tendría que ser únicamente “¿cuánto tiempo puedo darle al servicio?”, sino también “¿con qué disposición estoy dispuesto a entregarme a quien hoy necesita de mí?”.
Se trata de comprender que el servicio cristiano no siempre ocurre en circunstancias ideales o cuando tenemos todo bajo control, sino muchas veces en medio de las ocupaciones, el cansancio y las situaciones inesperadas de la vida.
En ese sentido, estar disponibles para los demás también es una manera de responder a Dios: reconocer que cada persona que encontramos puede ser una invitación a salir de nosotros mismos y poner en práctica el Evangelio desde lo concreto.
¿En qué momento decir “no puedo” o “necesito descansar” puede ser una decisión saludable?
César explica que esto no tendría que implicar una falta de compromiso con Dios y con la iglesia. De hecho, es necesario hacer esa reflexión o discernimiento.
Existen muchos agentes de pastoral que no hacen uno, sino dos o más servicios dentro de la Iglesia. Y aunque se hagan con amor y cariño, también pueden provocar una crisis devocional. En este caso, también es importante aprender a decir “no”.
“Hay muchas razones válidas para decir ‘no’: la salud física o circunstancias familiares, por ejemplo. También es importante no saturarse y reconocer las prioridades tanto de tu vida como de tu servicio”.
Cómo reaccionar ante un agente de pastoral cansado
Hay dos acciones importantes qué considerar cuando un agente de pastoral decide tomarse un tiempo, ya sea para descansar o para atender una situación personal:
- Primero, no darle más peso a su carga ni hacerlo sentir culpable. Tampoco reprocharle su servicio.
- En segundo lugar, hay que acercarse, preguntarle qué le pasa y porqué se siente así.
“Al acercarte, vas a poder tener los elementos para ayudarlo”.
La importancia de poner límites
César admite que poner límites es uno de los grandes retos que tenemos como agentes de pastoral.
“Cuando un agente de pastoral es comprometido, si el padre le pide algo, él lo hace. Entonces, el límite lo va a poner cuando empiece a darse cuenta de su saturación y de que ya no lo está haciendo con ese amor; está sintiéndose enojado, frustrado, lastimado, empieza a criticar y a juzgar.”
Este, de acuerdo con César, es el mejor momento para detenerse, revisar sus posibilidades y aprender a decir que no puede cumplir con todas las peticiones que le hagan. Sin embargo, para llegar a este punto se necesita un grado de crecimiento, maduración en el servicio y también asertividad.
Porqué discernir sobre cómo y qué tanto puedo participar
César hace una advertencia cuando nuestras posibilidades de servir se pueden ver limitadas después de haber hecho un compromiso.
“Si lo que me están pidiendo es algo que yo mismo asumí, acepté y no lo hago, pues entonces tienes que preguntarte qué estás haciendo ahí”.
También advierte que los agentes de pastoral podemos caer en el pecado de querer asumir todo. En este caso, se corre un doble riesgo: saturar nuestro servicio y evitamos que otras personas participen y se sumen al servicio.
Lo preocupante, en este caso, es no saber discernir y responder “sí” al servicio sin detenerse primero.
“El discernimiento requiere hacer un alto; una reflexión sobre la situación. Entonces, si te piden algo en el momento, siempre es bueno decir hasta cuándo puedes responder. Y luego, llevarlo ante el Santísimo y a la oración”.
Es importante poner frente al Señor cada uno de nuestros planes y nuestras ocupaciones para que nos ayude a discernir: “así ya no estás tomando la decisión solo. Lo estás haciendo con Dios”.
Platicar de manera sincera con alguien de la comunidad también puede ayudar a llegar a ese discernimiento y tomar una decisión más asertiva.
Lo que recomienda César es nunca tomar decisiones emocionales, cuando uno se siente triste, enojado o, por el contrario, muy feliz y entusiasmado.
“Esos son los peores momentos para tomar una decisión, especialmente cuando se trata de algo muy importante. Dios te pone personas en tus manos, debes de darte cuenta lo que él te está poniendo en tus manos”.
Poner el servicio en el corazón
Además, César nos invita a ser conscientes de la realidad de cada persona para poder servir mejor y tomar mejores decisiones en nuestro apostolado.
“A mí, cuando el Señor me pone una persona en mis manos la abandono en manos de Dios y le digo:”Señor, aquí está esta persona que estás poniendo en mis manos, ayúdame a conducirla y a guiarla como tú quieres. No permitas que sea como yo quiero”.
Jesús también buscó el descanso
Los evangelios nos revelan que el mismo Jesucristo se tomaba tiempos para distanciarse. César explica que estos momentos eran clave para cumplir su misión:
“Antes de los momentos más intensos y más críticos que iba a experimentar Jesús, Él se apartó, se detuvo a orar e hizo silencio. Esto tiene que servirnos como aprendizaje”.
César aconseja que, especialmente en las circunstancias más difíciles, tenemos que seguir su ejemplo.
“Una vez una vez una persona me preguntó, ‘¿Cómo voy a hacer silencio si le pasó algo a mi hijo?’ Yo le respondí: ‘Vas a estar ahí apoyando a tu hijo, pero sí es importante que dentro de ti le digas al Señor que te ayude y guíe para poder ayudar a tu hijo en esos momentos.”
Esto significa que en muchas ocasiones no vamos a poder apartarnos de una situación, pero sí se puede apartar lo que estamos experimentado para ponerlo en manos de Dios.
Los agentes de pastoral también necesitan ser acompañados
Para César, una de las prioridades que como Iglesia necesitamos revisar es la manera en que acompañamos a quienes realizan algún apostolado. Quienes dedican tiempo, energía y corazón al servicio también necesitan encontrar espacios donde puedan ser escuchados, sostenidos y reconocidos en aquello que viven.
“Necesitamos favorecer los espacios de acompañamiento y mirarlas desde el dolor y el sufrimiento. Claro que existe un cansancio sano. Es el que se presenta cuando hay eventos, festivales, etc., y al final hay una gran satisfacción al servir. Pero también debemos pensar en la ‘verdadera carga’: aquella que se acumula y desgasta”.
Esta distinción resulta importante, pues no todo cansancio es necesariamente una señal de desgaste. Hay esfuerzos que forman parte natural del servicio y que, aunque implican cansancio físico, también dejan consigo alegría, satisfacción y sentido de comunidad. El problema aparece cuando ese cansancio deja de ser momentáneo y comienza a acumularse hasta convertirse en una carga que afecta la vida emocional y espiritual de la persona.
Por ello, cuidar de uno mismo también forma parte de una manera responsable de vivir el servicio. Reconocer los propios límites no significa falta de compromiso ni menor disposición para ayudar a los demás; significa comprender que quien sirve también necesita ser sostenido. Nadie puede acompañar indefinidamente a otros desde el agotamiento, si no cuenta también con espacios para descansar, recuperar fuerzas y revisar cómo se encuentra.
En este sentido, el cuidado de los agentes de pastoral no debería entenderse como algo secundario frente a las necesidades de la comunidad, sino como parte del mismo camino de servicio. Una Iglesia que acompaña a quienes sirven también les recuerda que ellos no tienen que cargar solos con todo aquello que reciben de los demás.
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