Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Leyenda de los dos hermanos

Hace muchos años llegaron a Izamal dos misteriosos hombres de un gran parecido entre sí. Buscaron trabajo limpiando casas, quitando maleza y otras labores domésticas, y pronto se hicieron muy conocidos por su buena disposición y por ser muy trabajadores.

Con el tiempo los hermanos pudieron comprarse unas casas: uno en el pueblo de Sitilpech y otro en Citilcum. El primero iba todos los domingos a Izamal a escuchar misa mientras que el otro iba a Tekantó.

Un buen día, la Virgen del Izamal tuvo que ser llevada a Mérida para consolar a los devotos que se enfrentaban a una gran peste; los Izamaleños estaban preocupados, pues el altar había quedado solo. Entonces, los dos hermanos informaron que se irían de Izamal y dieron la indicación de que sus casas en Sitilpech y Citilcum fueran abiertas después de tres días de su partida.

Cuando la gente hizo lo que habían pedido, en cada casa encontraron una escultura de Cristo. Cada efigie fue colocada en la iglesia de su pueblo, y ambas han sido veneradas desde entonces.

Muchos aseguran que fueron aquellos hermanos que se convirtieron en las imágenes santas, mientras otros aseguran que solamente fueron los escultores.

Hasta el día de hoy, el Cristo de Sitilpech visita Izamal cada mes de octubre, mientras que el de Citilcum es llevado en procesión hasta Tekantó cada mes de noviembre.

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