Las últimas palabras del Padre Pío fueron: “Jesús, María, Jesús, María”.

El Padre Pío es uno de los grandes santos del siglo XX.

Conocido por su profunda devoción a Cristo, su santidad y su sabio consejo, también fue un taumaturgo. Se le atribuyen curaciones, lectura de las almas, los estigmas, la levitación e incluso la bilocación.

Ya en su vejez, su salud comenzó a deteriorarse durante la década de 1960. El 21 de septiembre de 1968, un día después del 50.º aniversario de la recepción de los estigmas, comenzó a sentirse repentinamente muy cansado.

Al día siguiente tenía previsto celebrar una Misa solemne para los peregrinos, pero le pidió a su superior que le permitiera celebrar una Misa rezada. Aunque inicialmente su superior accedió a su petición, la gran cantidad de peregrinos que habían acudido a visitarlo hizo que cambiara de opinión.

Débil y frágil, el Padre Pío celebró la Misa solemne. Ni él ni quienes estaban presentes podían imaginar que sería su última Misa. De hecho, moriría apenas unas horas después de terminarla.

Esa noche, se acostó aún más débil, y quienes lo acompañaban comprendieron que podía estar llegando al final de su vida. Se confesó, renovó sus votos franciscanos y rezó en silencio varias veces el Ave María, mientras sostenía su rosario.

Sus últimas palabras fueron: “Jesús, María, Jesús, María”.

A las 2:30 a. m., murió.

Según el sacerdote guardián del monasterio donde vivía el Padre Pío: “Diez minutos después de la muerte del Padre Pío, habían desaparecido todas las huellas de los estigmas de sus manos, pies y costado”.

“Sería más fácil que el mundo existiera sin el sol que sin la Santa Misa”. — Padre Pío

¡Padre Pío, ruega por nosotros!

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