Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
¿TIENES CALOR?
Hace calor, mucho calor… y nosotras, que llevamos tantas capas, no estamos acostumbradas a estas temperaturas. Así que estos días hemos trasladado nuestro tiempo de recreación a “las bóvedas”. Es una preciosa galería abovedada, situada en la parte más profunda del monasterio, que da acceso a uno de los claustros y a nuestra sala de trabajo.
Pues bien, como está en la zona más baja, su temperatura apenas cambia; oscila muy poco del invierno al verano y siempre se mantiene muy fresca. Para esta época del año es ideal: al llegar allí es como si traspasaras una densa frontera del calor al frío.
Ayer mismo, cuando bajaba para acudir al recreo con mis hermanas, me llegó al corazón aquello de “ir a lo profundo”, porque, de alguna manera, el Señor me regaló ver que esto se asemeja a nuestra relación personal con Él. Nuestra fe crece tratando de cerca al Señor, desde la confianza de una intimidad muy personal con Él, allí, en lo más profundo del corazón.
De modo que, estemos donde estemos, esta es la única parte de nosotros que no cambia por los agentes externos. Nada de lo que otros piensen de nosotros define lo que en realidad somos. Solo lo que Cristo dice de nosotros es nuestra auténtica identidad. Por ello, ya estemos en un ambiente frío, como en el más duro invierno, o en un ambiente lleno de afecto y calor, ese lugar de intimidad se mantiene siempre fresco, auténtico y espacioso. Es ahí donde nos encontramos con el Señor, donde podemos mostrarnos tal cual somos, sin miedo a nada, y donde Él nos llena de vida y de amor para mirar a los demás del mismo modo.
“Encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo soltaré” (Ct 3,3).
Hoy, el reto del amor es dedicar un tiempo a estar al fresco, en intimidad con el Señor. No dejes que el calor o el frío te abrumen, busca cada día esos ratos con Él para que toda tu vida desprenda ese frescor del amor de Cristo.
VIVE DE CRISTO
