Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
Muchos católicos lo han visto cientos de veces en la Santa Misa, pero pocos conocen su nombre.
Ese paño que cubre el cáliz antes de la consagración guarda una profunda lección espiritual.
Se llama palia cuando cubre directamente el cáliz, aunque tradicionalmente también intervienen otros elementos como el velo del cáliz y el corporal.
Durante el ofertorio y la preparación de los dones, el sacerdote retira estos velos para disponer el cáliz que pronto contendrá la Sangre de Cristo.
¿Por qué es tan significativo este gesto?
Porque la liturgia nunca hace movimientos vacíos. Cada acción revela un misterio.
La remoción de los velos simboliza que aquello que estaba oculto comienza a manifestarse. Así como en el Antiguo Testamento las promesas de Dios permanecían veladas, en la Eucaristía Cristo se hace presente de manera sacramental ante su pueblo.
También recuerda que el corazón debe ser preparado y despojado de todo obstáculo para recibir al Señor.
El cáliz cubierto evoca reverencia, espera y misterio.
El cáliz descubierto anuncia que nos acercamos al momento supremo del Sacrificio de Cristo renovado sacramentalmente sobre el altar.
Nada en la Santa Misa es casual.
Cada tela, cada inclinación, cada silencio y cada palabra nos conducen hacia el mismo centro: Jesucristo presente en la Eucaristía.
La próxima vez que veas al sacerdote retirar el velo del cáliz, recuerda que Dios también quiere retirar los velos de tu alma para que puedas contemplar más claramente su amor y su presencia.
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