Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA 

En la Solemnidad de Corpus Christi, el cielo toca la tierra.
En el silencio de una Hostia consagrada, late el corazón de Cristo… vivo, real, entregado por amor.

Corpus Christi no es solo una fiesta, es un milagro que se renueva: Dios escondido en un pedazo de pan.

El mismo que cargó una cruz, que lloró por nosotros, que nos amó hasta el extremo… hoy camina nuestras calles, visita nuestros pueblos, se deja adorar con humildad infinita.

Hoy, dejemos que el alma se arrodille, que el corazón se quiebre, y que los ojos se llenen de lágrimas…, porque Jesús está aquí. Y su amor, como en el Calvario, sigue diciendo: “Esto es mi cuerpo… entregado por ti.”

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