Konaté Hernández/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
Antes de corregir a mi hermano, déjame ponerme yo delante de Ti y dejarme corregir por tu amor.
“Examíname, Dios mío, y conoce mi corazón;
ponme a prueba y conoce mis pensamientos.” (Sal 139,23)
Señor,
antes de mirar la herida de mi hermano,
mira la mía.
Antes de señalar lo que él necesita cambiar,
déjame preguntarte qué necesitas cambiar Tú en mí.
Antes de hablar,
hazme callar delante de Ti.
Antes de corregir,
déjame ser corregida por tu amor.
No permitas que confunda la verdad con mi orgullo,
ni la corrección con la superioridad,
ni el celo por el bien con el deseo de tener razón.
Limpia mis ojos, Señor,
porque a veces veo demasiado rápido la falta del otro
y demasiado despacio la mía.
Dame un corazón humilde,
capaz de reconocer que también yo estoy en camino,
que también yo necesito misericordia,
que también yo necesito que alguien me diga con amor:
“Por ahí no. Vuelve a Jesús.”
Y si algún día tengo que corregir a mi hermano,
que no sea desde arriba,
sino desde el suelo;
desde la conciencia de ser yo también
una pecadora alcanzada por tu misericordia.
Examíname, Señor.
Corrígeme Tú primero.
Y después, si es tu voluntad,
enséñame a amar a mi hermano como Tú lo amas.
“Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.” (Sal 51,12)
