Todos estos niños y jóvenes santos no esperaron a ser adultos para tomarse en serio la santidad.

La historia de la Iglesia está llena de santos que tuvieron una larga vida para hacer buenas obras y culminar grandes empresas. Sin embargo, hay santos que tuvieron una vida corta pero llena de frutos: algunos murieron siendo niños, otros apenas habían comenzado la adultez. No llegaron a desarrollar todos sus proyectos, a formar una familia, a terminar sus estudios ni vivir todo aquello que el futuro parecía prometerles, sin embargo, sus vidas no fueron truncadas.

En el día internacional de la juventud, te dejamos la historia de diez santos que, a pesar de su corta edad, son para nosotros verdaderos modelos de entrega y amor:

1. Santa Jacinta Marto

Jacinta (1910-1920) fue una de los tres pastorcitos de Fátima. Murió con apenas 9 años. En el momento de las apariciones de la Virgen María, Jacinta tenía siete años, Francisco tenía nueve y Lucía diez. La Iglesia reconoció la veracidad de las apariciones y, en 2017, el Papa Francisco canonizó a Francisco y Jacinta.

La espiritualidad que recibió en Fátima estuvo marcada por la oración, la conversión, la penitencia y la preocupación por quienes estaban alejados de Dios. Para una niña, aquello adquirió una intensidad extraordinaria.

Jacinta enfermó y tuvo que ser trasladada a Lisboa. Murió el 20 de febrero de 1920, lejos de su familia, cuando todavía era una niña.

2. San Francisco Marto

Nació el 11 de junio de 1908 cerca de Fátima, Portugal. Junto con su hermana Jacinta y su prima Lucía dos Santos, presenció las apariciones de la Virgen María en 1917. 

Francisco era un niño tranquilo, humilde y amante de la música. Después de las apariciones, desarrolló una profunda vida de oración. Su principal deseo era “consolar a Nuestro Señor”, por lo que pasaba largos momentos rezando y pensando en Dios, especialmente ante el Santísimo Sacramento.

En 1918, enfermó gravemente durante la epidemia de gripe española. A pesar de su enfermedad, mantuvo su fe y su espíritu de oración. Recibió la Primera Comunión por última vez el 2 de abril de 1919 y murió el 4 de abril de 1919, con apenas 10 años.

3. Santa María Goretti

María (1890-1902) murió a los 11 años, después de ser atacada por Alessandro Serenelli. Había perdido a su padre cuando tenía diez años y, siendo todavía muy pequeña, comenzó a asumir responsabilidades familiares mientras su madre trabajaba. Su vida estuvo acompañada por la oración y por un profundo deseo de recibir la Eucaristía.

En julio de 1902, Alessandro intentó agredirla sexualmente. María se resistió y fue mortalmente herida. Al día siguiente, antes de morir, perdonó a su agresor y expresó el deseo de que también él pudiera llegar al Paraíso. Años después, Alessandro experimentó su conversión y después de salir de prisión, pidió perdón a la madre de María. Pío XII canonizó a María Goretti en 1940.

4. Santo Domingo Savio

Domingo murió en 1857, a los 14 años, convirtiéndose en uno de los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia. Fue alumno de San Juan Bosco. Era un joven que ofrecía sus sufrimientos a María y que buscaba vivir la santidad mediante una alegría contagiosa y acercándose especialmente a los compañeros marginados o enfermos. Para él, la santidad podía vivirse en la amistad, el estudio, la convivencia y la alegría.

Domingo murió antes de cumplir los quince años. Según recordó el Papa Francisco, sus últimas palabras fueron: «¡Qué maravilla estoy viendo!»

5. San José Sánchez del Río

Fue un joven mexicano martirizado en 1928, cuando tenía 14 años, durante la Guerra Cristera. Nacido en Sahuayo, Michoacán, sintió desde muy joven el deseo de defender su fe y se unió a las fuerzas cristeras como portaestandarte y asistente, ya que por su edad no se le permitía combatir.

Durante una batalla en 1928, cedió su caballo al general del contingente para evitar que fuera capturado, lo que provocó su detención por parte de las tropas gubernamentales. Fue encarcelado en el baptisterio de la iglesia de su pueblo natal, que había sido convertida en prisión. A pesar de las presiones, las promesas de riquezas y las amenazas de muerte de las autoridades, José se negó rotundamente a renunciar a su fe y por ello sufrió graves torturas.

Fue beatificado en 2005 por el Papa Benedicto XVI y canonizado en 2016 por el Papa Francisco.

6. San Carlo Acutis

Desde pequeño, Carlo (1991–2006) mostró un gran amor por Jesús y la Iglesia. Participaba frecuentemente en la Misa, rezaba el rosario y tenía una especial devoción por la Eucaristía. Era un adolescente alegre y normal: le gustaban los videojuegos, el fútbol, los animales, la música y pasar tiempo con sus amigos. En octubre de 2006, cuando tenía 15 años, fue diagnosticado con una leucemia muy agresiva. Ofreció su sufrimiento por el Papa y por la Iglesia.

Murió el 12 de octubre de 2006. Fue beatificado el 10 de octubre de 2020 en Asís. Posteriormente, fue canonizado el 7 de septiembre de 2025 por el Papa León XIV, junto con Pier Giorgio Frassati.

7. San Estanislao de Kostka

Estanislao murió a los 18 años, en Roma, en 1568. Era hijo de una familia noble polaca y estaba destinado a una vida de prestigio y responsabilidades públicas.

Sin embargo, sintió la llamada a entrar en la Compañía de Jesús. Como su familia se oponía a su vocación, Estanislao decidió huir y realizar un largo camino hasta poder ingresar al noviciado jesuita en Roma. Allí vivió solamente unos meses antes de morir de una enfermedad. Fue canonizado en 1726 y es considerado patrono de la juventud y de los novicios.

8. San Luis Gonzaga

Luis Gonzaga murió a los 23 años, en Roma, después de atender a enfermos durante una epidemia. Nació en una familia noble y tenía ante sí un futuro de riqueza y prestigio. Sin embargo, renunció a sus títulos y a su herencia para entrar en la Compañía de Jesús. En Roma se dedicó a atender a los enfermos, especialmente durante la epidemia de peste. Contrajo la enfermedad y murió en 1591.

La Iglesia lo canonizó en 1726 y posteriormente lo proclamó patrono de la juventud católica.

9. Santa Teresita de Lisieux

Tenía 24 años cuando murió el 30 de septiembre de 1897. Nació el 2 de enero de 1873 y falleció a causa de la tuberculosis en el convento de Lisieux, en Francia. Entró al monasterio a una edad muy temprana, con tan solo 15 años. Durante sus años de vida religiosa desarrolló una vida espiritual extraordinariamente profunda para su corta edad.

Fue declarada santa en 1925 y proclamada doctora de la Iglesia en 1997 por el Papa San Juan Pablo II.

10. San Pier Giorgio Frassati

Pier Giorgio (1901–1925) fue un joven italiano conocido por su profunda fe, su compromiso con los pobres y su amor por la montaña. En junio de 1925 contrajo poliomielitis, probablemente mientras ayudaba a una familia pobre. Su salud empeoró rápidamente. Murió el 4 de julio de 1925, a los 24 años, en Turín. Su funeral reunió a una enorme cantidad de personas, muchas de ellas pobres a quienes había ayudado.

Fue beatificado por San Juan Pablo II en 1990 y canonizado por el Papa León XIV el 7 de septiembre de 2025.

Todos estos niños y jóvenes santos no tuvieron la misma personalidad ni la misma espiritualidad, sin embargo, no esperaron a ser adultos para tomarse en serio la santidad.

https://es.churchpop.com/10-santos-que-murieron-jovenes-pero-dejaron-un-legado-de-santidad-eterno

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