Por presbítero Armando González Escoto
El próximo 1 de agosto se cumplen 100 años de la suspensión de los cultos decretada por los Obispos de México. Cien años también de la promulgación de la Ley Calles que codificaba los artículos que en materia eclesiástica había publicado la Constitución de 1917
El próximo 1 de agosto se cumplen 100 años de la suspensión de los cultos decretada por los Obispos de México. Cien años también de la promulgación de la Ley Calles que codificaba los artículos que en materia eclesiástica había publicado la Constitución de 1917.
Cien años de los primeros levantamientos armados que de agosto a diciembre ocurren en Zacatecas, Guanajuato y Jalisco, poniendo las bases para la llamada Guerra Cristera convocada en enero de 1927. Entre 1927 y 1929 se irán cumpliendo los 100 años de numerosos mártires que sin haber tomado las armas, fueron sacrificados.
A lo largo de estos 100 años han ocurrido todo tipo de relatos, testimonios, leyendas, mitos, investigaciones historiográficas ideologizadas o neutrales anhelantes de objetividad, procesos de canonización exitosos, estancados, alterados o suspendidos, así como acusaciones, rencores, revanchas, y una enorme confusión que persiste hasta nuestros días, y que la actual efeméride puede ser ocasión para aclarar, si aprendemos a poner la verdad por encima del sentimiento y de la ideología.
Desde luego tenemos ya datos muy concretos que en su momento habrá que desarrollar y explicar, por ejemplo: los mártires no fueron cristeros, los cristeros no pueden ser mártires; el presidente Plutarco Elías Calles no suspendió los cultos; de la mayoría de los mártires beatificados o canonizados no sabemos cuáles hayan sido sus últimas palabras, las condiciones que en aquellos años calificaban de justa una guerra, nunca se dieron en el caso mexicano a menos que se quieran forzar los argumentos, clarificar el tipo de persecución que se vivió en México evitando generalizaciones o simplificaciones; de igual manera entender que alguno de los mártires no cumplía con los requisitos para ser canonizado a no ser que se le hubiesen dispensado.
Siguen pendientes estudios más amplios sobre los efectos de la suspensión de los cultos en la comunidad cristiana, particularmente en el clero, también la cuestión de las afectaciones que la población civil tuvo tanto del ejército federal como del cristero, el estudio de los procesos formativos que en su momento recibieron quienes eran Obispos, para entender la diversidad de sus posturas, o el carácter específico del nacionalismo religioso mexicano analizado como ideología con todas las características negativas que tienen los procesos de ideologización en cualquier campo. Igual estudio requeriría entender por qué las dos terceras partes de los estados mexicanos no tomaron parte ni en la defensa pacífica ni en la defensa armada ante el conflicto religioso.
Hay pendientes en el campo de gratitud que debemos a las diócesis norteamericanas y españolas que ayudaron a la Iglesia que peregrina en México durante esos años, pero también a los países cuyos diplomáticos colaboraron intensamente en la búsqueda de una solución, como fueron Chile, Francia y Estados Unidos. También por la solidaridad mostrada por las comunidades católicas de Bélgica, Italia, Cuba y otras más.
Igual reconocimiento a los legisladores mexicanos que finalmente abolieron las leyes anticlericales luego de un proceso intenso que corrió de 1987 a 1992.
(Red Católica)
