Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
Crónica de la misión en la Amazonas- Orden San Elías (O.S.E.) del 2026
“Dulce Corazón de Jesús, sed conocido, sed amado, sed imitado”
El 1 de marzo, junto con catorce misioneros —3 sacerdotes, 8 seminaristas y 3 laicos—, nos embarcamos hacia la Amazonía ecuatoriana, a las distintas comunidades de la parroquia de Arajuno, diócesis de Puyo, Ecuador. Para ello nos dividimos en dos grupos: unos partieron hacia la comunidad de San José de Curaray y otros (del cual fui parte) avanzamos poco a poco, pasando por diversas comunidades hasta llegar a San José de Curaray.
En la madrugada del 3 de marzo, luego de la Santa Misa y un pequeño desayuno, partió el primer grupo en los dos vehículos disponibles rumbo al puerto Paparagua. Este trayecto, aunque era de unos 80 km, nos tomó tres horas y media debido al mal estado del camino; en algunos tramos avanzábamos apenas a 8 km/h. Así, habiendo salido a las 7:30 a. m., llegaron al puerto cerca del mediodía. Tras descargar el equipaje y colocarlo en el bote, partieron hacia San José de Curaray. Mientras tanto, uno de los vehículos —en el cual yo iba como copiloto— regresó a la ciudad de Puyo para recoger al segundo grupo. Una vez reunidos, volvimos al puerto Paparagua; para mí, todo el trayecto sumó aproximadamente 10 horas.

Cuando llegamos al puerto eran alrededor de las 17:30. A esa hora ya no había nadie que pudiera transportarnos, por lo que empleamos el resto del día en averiguar cómo viajar a la mañana siguiente.
Hablamos con un hombre que inicialmente se ofreció a llevarnos, pero luego se negó alegando que el río estaba demasiado bajo. Otro hombre también rechazó llevarnos por el mismo motivo. Sin solución, pasamos la noche en el puerto.
Al día siguiente, tras hablar con el párroco del lugar y otras personas, y sin encontrar solución, nos resignamos a seguir esperando. Este no fue el único problema: desde la tarde anterior, uno de los miembros del grupo estaba enfermo, y al día siguiente dos más enfermaron, por lo que también tuvimos que acudir al hospital. Pensamos que volveríamos a pasar la noche allí, lo cual nos afligió, ya que significaba que las almas permanecerían más tiempo privadas de los sacramentos y del catecismo.
Sin embargo, la Providencia dispuso que alrededor de las 14:00 llegaran al puerto dos personas de la comunidad de Tarapoto. Al hablar con ellos, nos indicaron que debíamos conversar con la dueña del bote. Dos de nuestros miembros fueron con ellos a dicha comunidad, situada a unos 20 minutos del puerto. Al regresar, nos dieron la buena noticia de que la dueña había aceptado llevarnos a la comunidad de Kallana.
Como ya era tarde, no pudimos ir directamente a Kallana, sino que fuimos a Tarapoto, donde nos recibieron muy cordialmente. El sacerdote que nos acompañaba celebró la Santa Misa en la capilla y confesó a varios fieles, lo cual nos llenó de alegría. Pasamos la noche allí, donde además nos ofrecieron la cena.
- Mision en Amazonas
En la madrugada partimos hacia Kallana. Llegamos alrededor de las 10:00 a. m., donde nos recibió un catequista de Arajuno, el señor Humberto, quien nos atendió durante toda nuestra estancia. También nos recibieron los niños del lugar, quienes, como cada día, aprovecharon para jugar con nosotros. Ellos serían los alumnos de catequesis.
Después de los juegos, coordinamos con el catequista lo necesario para la Santa Misa, los sacramentos y la catequesis. Tras la celebración de la Misa a las 16:00, concluyó nuestro día.
A la mañana siguiente, luego de que los niños salieran de clases, impartimos la primera catequesis. Sin embargo, pese a nuestros esfuerzos, no logramos que aprendieran ni siquiera la señal de la cruz, ya que estaban muy inquietos y no prestaban atención. Ante esto, y tras algunos juegos, dimos por terminada la sesión.
Esa tarde ocurrió algo lamentable. Al caer la noche, los padres de familia regresaron de “trabajar” y las mujeres los recibieron con una bebida fermentada llamada “chicha”. Los hombres, reunidos, se embriagaron, ignorando a sus hijos que permanecían cerca. Fue triste ver a los niños sucios deambulando sin atención, mientras la música sonaba toda la noche —pese a no haber electricidad—, lo que dificultó nuestro descanso.
El sábado fue el día de los sacramentos. Los niños de la catequesis tuvieron que esperar un año más, pues no lograron aprender ni la señal de la cruz. Sin embargo, no todo fue negativo: tuvimos la gracia de celebrar cuatro bautismos, cuatro nuevos hijos de Dios, llamados a la vida de la gracia.
Con esta alegría partimos hacia la siguiente comunidad, Chuva Kachi, a unas dos horas y media de Kallana. Allí nos recibieron el presidente de la comunidad y don Venancio, su fundador, quienes nos hospedaron en la casa comunal. Con ellos coordinamos la Misa, los sacramentos, la catequesis y un responso.
Al día siguiente celebramos la Misa dominical, con muchos niños inscritos para el bautismo. Luego tuvimos un responso en el cementerio por dos jóvenes que lamentablemente se habían suicidado días antes. Tras ello, almorzamos.
Por la tarde impartimos catequesis, enseñando la señal de la cruz, el Padrenuestro y el Credo. Luego realizamos una caminata rezando el rosario y finalizamos con juegos. Fue un día muy alentador: los niños estuvieron atentos y aprendieron bien las oraciones y la doctrina básica. Dimos gracias a Dios y a la Santísima Virgen por estos frutos.
Los dos días siguientes los dedicamos a preparar primeras comuniones y confirmaciones mediante catequesis por la mañana y la tarde.
En los últimos días, todos los niños en uso de razón se confesaron, y el miércoles —último día— también lo hicieron muchos adultos.
Ese miércoles fue el gran día de los sacramentos: desde las 08:00 a. m. hasta pasado el mediodía, gran parte de la comunidad participó. Hubo numerosas confesiones, 2 bautismos, 1 matrimonio, entre 8 y 9 confirmaciones y un número similar de primeras comuniones.

Al finalizar, nos preparamos para partir. Los niños y algunos adultos salieron a despedirnos.
Ruego a Nuestro Señor, a la Santísima Virgen, a San José y a todos los santos que protejan a esa comunidad, especialmente a los niños. A pesar de las misiones realizadas, persisten graves dificultades. Pido a Dios que envíe más obreros a su mies para dar frutos de vida eterna.
Así lo espero. Así sea. Amén.
https://sites.google.com/omnesgentesproject.com/cronicas-misioneras/amazonas_Arajuno
…
