Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

¿Sabías que el edificio religioso más antiguo de Irapuato estuvo a punto de desaparecer para siempre? En 1916 incluso se solicitó su demolición, pero por alguna razón nunca ocurrió. Gracias a eso, hoy sigue en pie una de las joyas históricas más impresionantes de Guanajuato.  

Se trata del Templo del Hospitalito, un lugar que prácticamente vio nacer a la ciudad. Sus orígenes se remontan al siglo XVI, cuando formaba parte de los llamados hospitales para indígenas impulsados por Vasco de Quiroga. Estos espacios no solo servían para la evangelización, también funcionaban como centros de ayuda para enfermos y personas necesitadas. De ahí surgió el cariñoso nombre de “Hospitalito”.  

Pero lo que más llama la atención es su extraordinaria fachada barroca. Cada centímetro parece tallado con una paciencia infinita. Las columnas salomónicas retorcidas, los relieves ornamentales y la riqueza de detalles convierten la cantera en una auténtica obra de arte. Lo más sorprendente es que esta fachada fue esculpida en 1733 por Crispín Lorenzo, un indígena tarasco cuyo nombre quedó grabado para la historia.  

Si observas con atención, descubrirás elementos poco comunes. En la fachada aparecen figuras del sol y la luna, símbolos cristianos que también guardan relación con antiguas creencias tarascas. Además, sobresalen curiosas gárgolas de cantera con forma de animales que, además de decorar, ayudaban a desalojar el agua de lluvia. Es uno de esos detalles que muchos pasan por alto y que hacen único al templo.  

Aunque hoy es uno de los símbolos más queridos de Irapuato, comenzó siendo una pequeña capilla. Con el paso de los siglos fue ampliado, reconstruido y restaurado varias veces hasta convertirse en el monumento histórico que conocemos actualmente.  

La próxima vez que pases frente al Hospitalito, vale la pena detenerse unos minutos. No solo estás viendo una iglesia antigua. Estás viendo casi cinco siglos de historia, la huella de culturas indígenas y españolas en un mismo edificio, y uno de los pocos testigos que siguen contando cómo comenzó la historia de Irapuato.

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