Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
¿Qué es el Evangeliario y por qué es el único libro que se inciensa y recibe honores de altar?
Quien asiste con atención a una Misa solemne nota de inmediato una diferencia drástica en el trato a las Escrituras.
Mientras que la Primera y la Segunda Lectura se leen directamente desde el Leccionario común asentado en el ambón, la proclamación del Evangelio está rodeada de un ceremonial único: un libro bellamente encuadernado es elevado en procesión, escoltado por ciriales, aclamado por el canto del Aleluya e incensado con reverencia antes de ser cantado. Ese libro es el Evangeliario.
La Instrucción General del Misal Romano enseña que los honores tributados al Evangeliario no se dirigen al papel o a la tinta, sino a la presencia real y misteriosa de Cristo en su Palabra.
La Iglesia venera las Sagradas Escrituras con el mismo respeto con el que venera el Cuerpo del Señor. Sin embargo, el Evangeliario ocupa el vértice de esta veneración porque contiene las palabras y los hechos de Aquel que es la Palabra hecha carne.
Los gestos litúrgicos revelan esta asimetría teológica de forma nítida. El diácono o el sacerdote inciensan el Evangeliario con tres movimientos dobles del incensario, exactamente el mismo honor litúrgico que se reserva para las especies eucarísticas y el altar mismo.
Al finalizar la lectura, el ministro besa el texto sagrado y puede bendecir a la asamblea con él. Ningún otro texto goza de este privilegio porque las demás lecturas preparan el camino, pero en el Evangelio es el mismo Cristo quien habla.
El Papa León XIV insiste en que el cuidado de las formas externas protege la pureza de la fe interior. Cuando el Evangeliario es llevado en alto durante la procesión de entrada, la Iglesia nos recuerda que Cristo entra y camina en medio de su pueblo. Tratar este libro con ligereza o sustituirlo por folletos de papel destruye la pedagogía mística del culto divino. El Evangeliario es el trono de la Verdad en el presbiterio.
