Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
¿Sabías que en el corazón de Mérida existe una plaza donde cada piedra ha visto pasar más de 480 años de historia?
El Centro Histórico de Mérida no solo es bonito, es uno de los más grandes de México y de América Latina. Aquí, lo colonial no es un decorado, es la vida diaria.
La catedral que ves dominando la escena es la de San Ildefonso, considerada la más antigua de América continental. Fue construida en el siglo XVI con piedras reutilizadas de antiguas construcciones mayas. Sí, literalmente estás viendo un edificio levantado con historia sobre historia.
A unos pasos está la Plaza Grande, donde las tardes se sienten distintas. Entre árboles, bancas y sombras, la ciudad respira más lento. Es común escuchar trova yucateca en vivo o ver parejas bailando danzón como si el tiempo no tuviera prisa.
La arquitectura aquí tiene un sello muy particular. Fachadas en tonos pastel, arcos, balcones de hierro forjado y puertas enormes que esconden patios interiores llenos de vegetación. Mérida fue una de las ciudades más ricas de México durante el auge del henequén, y eso se nota en cada detalle.
Dato curioso: muchas de las calles del centro siguen el trazo original de la ciudad fundada en 1542, pero debajo de ellas hay vestigios aún más antiguos. Mérida está construida sobre la antigua ciudad maya de T’Hó.
Y si te quedas hasta la noche, el centro cambia de personalidad. Luces cálidas, edificios iluminados y una calma que no suele encontrarse en otras ciudades grandes. Aquí no vienes solo a ver, vienes a sentir.
Este lugar no se visita una vez. Se recorre despacio, como quien hojea un libro antiguo que siempre guarda algo nuevo en cada página.
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