Por Denisse Angélica Gallegos Chapol

Alejandro Olvera Moya, nacido en una familia humilde de Ciudad Nezahualcóyotl, perdió la fe a los quince años. Sumergido en la pobreza y el alcoholismo de su padre, encontró refugio en el marxismo-leninismo. 

Como ferviente ideólogo, consideraba a la Iglesia el «opio del pueblo» y dedicó su juventud al activismo radical, soñando con un mundo sin miseria.

Sin embargo, el colapso del bloque comunista entre 1989 y 1991 lo dejó como un «huérfano espiritual». 

Tras titularse en economía, se unió a una secta humanista buscando camaradería, pero pronto descubrió que sus enseñanzas eran plagios de la doctrina católica. El giro definitivo ocurrió en 1996 al ingresar a la Escuela de Pastoral.

A Alejandro le asombró una paradoja histórica: mientras el sofisticado edificio teórico de Marx se desmoronaba en décadas, el mensaje de Jesús permanecía vigente tras dos milenios. 

Esta reflexión lo llevó de la soberbia intelectual a la humildad de la fe. Hoy, Alejandro abraza su identidad católica con fervor, aceptando con paz las burlas de sus antiguos camaradas. 

Reconoce que su regreso no fue por lógica humana, sino por una iluminación divina que le permitió recuperar el tesoro espiritual que siempre estuvo frente a él.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido Protegido