Por Yolanda Rivera Aguilar
Los Therians.
- “Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gál 3,26).
- La nueva moda que contradice la fe católica. En las últimas semanas ha explotado en redes sociales (TikTok, Instagram y plataformas juveniles) el fenómeno de los therians (o terianthropía), una tendencia que se presenta como identidad personal pero que en su núcleo plantea un conflicto directo con la antropología cristiana.
¿Qué son los therians?
Son personas (mayoritariamente adolescentes y jóvenes) que afirman identificarse de forma interna, espiritual o psicológica con un animal no humano (su “theriotype”: lobo, zorro, gato, perro, etc.). No se trata de cosplay ni de fandom (como los furries), sino de una vivencia que describen como involuntaria: sienten que “su esencia” o “alma” es parcialmente animal, adoptan comportamientos (cuadrúpedos, vocalizaciones), usan “gear” (máscaras, colas, orejas) y en algunos casos participan en encuentros públicos donde actúan como su animal.
El término proviene de “therianthropy” (bestia-humano) y surgió en foros online de los 90, pero en 2025-2026 ha explotado como moda viral entre la generación Z y alfa, especialmente en Argentina, Chile, Uruguay y otros países de América Latina.
- ¿Por qué contradice la fe católica?, la Iglesia enseña con claridad en el Catecismo (CCC 355-384) y en la teología de la creación que el ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios (Gén 1,26-27), con una dignidad única, racional, libre y espiritual, destinada a la comunión eterna con Dios.
No somos “parcialmente animales”. La naturaleza humana es íntegra y superior: el alma espiritual es directamente creada por Dios (CCC 366), no proviene de reencarnación animal ni de fusión con bestias.
- Identificarse como animal implica una confusión ontológica: reduce la dignidad humana y niega la vocación trascendente del hombre.
Aunque algunos therians lo viven como “expresión psicológica” o “conexión espiritual”, la tendencia abre la puerta a creencias esotéricas (reencarnación, almas animales, panteísmo), incompatibles con la fe cristiana.
En adolescentes vulnerables, esta moda puede ser refugio de traumas, rechazo social o crisis identitaria (como señala la psicología juvenil), pero no resuelve el problema: desplaza la búsqueda de identidad hacia lo irracional en vez de hacia Cristo.
Conclusión
No se trata de juzgar a las personas que sufren esta confusión, sino de acompañarlas con misericordia y verdad. La respuesta católica no es burla ni condena, sino el anuncio gozoso:
- “Tú no eres un animal. Eres hijo de Dios, creado a su imagen, amado infinitamente y llamado a la santidad”.
Que los jóvenes encuentren en Cristo —no en máscaras ni colas— su verdadera identidad.
“Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gál 3,26).
