Por Juan Carlos Martínez Suárez/PATRIA & LIBERTAD

Él es José Mora y del Río,

arzobispo de México durante el gobierno de Plutarco Elías Calles,

un periodo marcado por la tensión entre el Estado y la Iglesia.

En 1926, tras la promulgación de la llamada Ley Calles, que buscaba aplicar de forma estricta los artículos anticlericales de la Constitución de 1917, Mora y del Río declaró que la Iglesia desconocía dicha Constitución

y ordenó suspender el culto público en todo el país.

El 31 de julio de 1926, las iglesias mexicanas cerraron sus puertas.

Durante meses, las misas se celebraron en privado o en casas particulares. Fue una medida inédita que provocó descontento, movilizaciones y divisiones dentro del propio clero.

Ese mismo año, diversos grupos civiles y campesinos comenzaron a organizarse en defensa de la libertad religiosa. De ese contexto nacería el movimiento armado conocido como la Guerra Cristera.

José Mora y del Río no promovió el levantamiento, pero su decisión marcó el punto de ruptura entre el Estado y la Iglesia católica en México.

Murió en 1928, en plena crisis religiosa, dejando tras de sí uno de los episodios más controvertidos de la historia nacional.

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