Por Dennise Angélica Gallegos Chapol
Aquel 11 de octubre de 1962, día del inicio del Concilio Vaticano II, los ojos de muchos peritos conciliares, bastante experimentados y mayores, se fijaron en el joven asesor del cardenal Josef Frings: un sacerdote alemán de 34 años que fungía como profesor de teología en la Universidad de Bonn. Las risas y comentarios entre los peritos no se hicieron esperar, y este joven teólogo fue apodado con sorna el «teenager teológico», y se decían entre ellos: «¿a qué viene este muchachito al Concilio?»
Lo que ellos no sabían es que, anteriormente, el cardenal de Colonia había pronunciado en Roma una conferencia llamada «La Teología del Concilio», la cual obtuvo muy buena acogida y fue felicitada por San Juan XXIII, quien al expresar su gratitud y admiración por tan magistral conferencia, se sorprendió al escuchar a Frings decirle que el verdadero autor del texto de la conferencia era el joven sacerdote Joseph Ratzinger. Al momento, el Papa Roncalli sugirió a Frings invitar a tan prometedor teólogo como su asesor teológico en el Concilio Ecuménico próximo a celebrarse.
Estos viejos teólogos no imaginaron que el «teenager teológico», a través del cardenal Frings, ejercería tal influencia en el Concilio, ya que Ratzinger escribía los textos de sus intervenciones, las cuales permearon en la redacción de Dei Verbum, Lumen Gentium y Dignitatis Humanae, además de que Ratzinger fue miembro de las comisiones encargadas de estos documentos.
Nunca se hubieran imaginado que este joven sacerdote sería consagrado por San Pablo VI arzobispo de Munich y Freising en 1977, y ese mismo año, creado cardenal.
No les habría pasado por la cabeza que ese «muchachito» sería designado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe por San Juan Pablo II en 1981, ni que él sería el principal redactor del nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, ni que sería presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y la Comisión Teológica Internacional.
Tampoco habrían pensado que sería un prolífico escritor y gran referente de la teología actual, y considerado por muchos el más grande teólogo del siglo XX en la Iglesia Católica.
Mucho menos creerían que en 2005 sería elegido Sumo Pontífice, aunando su labor como Sucesor de San Pedro con su faceta de escritor y guiando a la Iglesia Católica hasta su renuncia en 2013, permaneciendo fiel y obediente a su sucesor Francisco, ahora como Papa Emérito.
Aquellos teólogos nunca habrían sospechado lo lejos que llegaría el joven consultor de Frings, siempre fiel al lema que eligió cuando fue consagrado obispo: «Cooperatores Veritatis» (Colaborador de la Verdad).
Este breve texto es un humilde homenaje de los administradores de Tradimoda Lefevacante al gran Benedicto XVI, quien hace tres años partió a la casa del Padre, cuyo recuerdo y legado guardamos con respeto, veneración y admiración. Pintura de Raúl Berzosa.
