Ciudad de México.- La familia educadora en valores humanos. El estudio sistemático de los hábitos y virtudes tuvo su inicio con Aristóteles quien planteó de forma científica el fundamento de estas, como base de las perfecciones del hombre. Explicó que hay cuatro virtudes rectoras de las cuales se desprenden todas las demás: hoy veremos prudencia, para continuar con justicia, fortaleza y templanza.
Prudencia.
La prudencia es un hábito rector porque influye decisivamente en todos los demás y lleva a actuar con oportunidad en cada ocasión. Una persona prudente es una persona oportuna, con tino al actuar.
La prudencia perfecciona a la inteligencia porque lleva al recto conocimiento de lo que se debe hacer. La prudencia significa ver antes, tener visión, adelantarse a los acontecimientos, medir las acciones y las consecuencias.
El desarrollo de la prudencia necesita un cierto desarrollo de la inteligencia, ya que se trata de:
1. Conocer la realidad: capacidad de observación, buscar información, distinguir entre hechos y opiniones, distinguir entre lo importante y lo secundario, capacidad de analizar críticamente la información recibida y comprobar cualquier aspecto dudoso.
2. Enjuiciar: someter los asuntos a un examen en base al conocimiento de la dimensión ética de los actos humanos. Se pondera la realidad y los propios deberes.
3. Decidir: formar un juicio o evitar una dificultad. El prudente no obra con alocada precipitación o con absurda temeridad, pero asume el riesgo de sus decisiones y no renuncia a conseguir el bien por miedo a no acertar. Sabe rectificar sus errores. Frente Nacional por la Familia. Minuto de formación F# 22
