Konaté Hernández/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
- «El que no vive para servir, no sirve para vivir» es una frase que se le atribuye a Santa Teresa de Calcuta, una idea que refleja un principio universal de solidaridad y sentido de la vida.
La consecuencia de no escuchar la Palabra de Dios, que es verdad y vida, es la corrupción de todas las esferas sociales sean seculares o religiosas.
- ¿Quién o quienes son los responsables de la injusticia social?
Cegadas por su egoísmo y avaricia, muchas autoridades se olvidan del bienestar del pueblo al que deberían servir. Lo que hay que analizar es como se ejerce el liderazgo y la autoridad.
- Los buenos líderes son una bendición para la humanidad, ¡y hay tan pocos!
El ciudadano debe recordar que la autoridad es, ante todo, un servicio que se debe brindar a la gente. Cuánto más grande es la autoridad que se confiere a una persona, mayor ha de ser el espíritu de servicio con que ha de ejercerla. Sólo así se podrá conducir al pueblo por los caminos de la justicia y la paz. (Jeremías 6, 10—13).
- Fanatismo
Los fanáticos de la religión no son las personas que buscan frecuentemente las cosas de Dios y se entregan a su servicio con sinceridad, sino los que dicen que creen en Él y viven haciendo lo contrario de lo que pide la doctrina, hundidos en la vil mediocridad religiosa. (Jeremías 7, 2—11).
Una buena autoridad debe servir a través del ejemplo, la congruencia y el liderazgo de servicio, ganándose el respeto por sus actos y no solo por su cargo o puesto.
- Principios fundamentales de una autoridad auténtica
• Liderar con el ejemplo: No se puede exigir aquello que no se está dispuesto a hacer; el comportamiento de una buena autoridad inspira y guía de manera directa a los demás.
• Servicio antes que rango: La autoridad genuina se entiende como una responsabilidad para facilitar, capacitar y potenciar a las personas, en lugar de buscar la sumisión ciega.
- • Congruencia y coherencia: Debe existir total alineación entre lo que la autoridad piensa, siente, dice y hace en su día a día.
• Escucha activa y empatía: Conocer las necesidades, talentos y áreas de oportunidad del equipo o comunidad permite tomar decisiones más justas y humanas.
- • Asunción de responsabilidades: Una buena autoridad da la cara, asume la culpa cuando algo falla y comparte o celebra los méritos con su grupo.
• Comunicación clara y autocontrol: Transmite directrices con seguridad y firmeza, manteniendo la calma emocional y evitando el uso del miedo o la humillación.
Fuente:
Santa Biblia Católica
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