Konaté Hernández/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Cada mes de octubre, la Iglesia católica consagra sus jornadas a la recitación del Santo Rosario, una tradición universal que une dos hitos históricos fundamentales separados por más de tres siglos: la defensa naval de Europa en el siglo XVI y la consolidación de una devoción global a finales del siglo XIX.

  • La génesis de este vínculo se remonta a 1571, cuando el Papa San Pío V pidió a toda la Cristiandad rezar el rosario ante la amenaza expansionista del Imperio Otomano.

Tras la victoria militar en la Batalla de Lepanto el 7 de octubre de ese año, atribuidas las plegarias a la intercesión mariana, el pontífice instituyó esa fecha como fiesta en gratitud a la Virgen María, devoción que su sucesor Gregorio XIII denominaría de Nuestra Señora del Rosario.

Tres siglos después, en septiembre de 1883, el Papa León XIII —conocido como el «Papa del Rosario»— dio el paso definitivo al promulgar la encíclica Supremi Apostolatus Officio.

Ante las graves crisis sociales y políticas de la época, decretó formalmente que todo el mes de octubre fuera consagrado en cada parroquia del mundo al rezo del rosario, convirtiendo una festividad de un solo día en una costumbre anual y permanente centrada en la oración comunitaria y la búsqueda de la paz.

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