Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
En el calendario tradicional (según el Misal Romano de 1962), hoy 29 de septiembre se celebra la Fiesta de la Dedicación de San Miguel Arcángel. Es la misma misa que se dice el 8 de mayo, fiesta de la Aparición de san Miguel instituida en memoria de una aparición del santo Arcángel en el monte Gárgano, en el reino de Nápoles en el año 490. Indicó el Arcángel, al obispo de Siponto, la existencia en ese lugar de una gruta en forma de iglesia, diciéndole que ese lugar debía ser consagrado al culto de Dios y de sus Ángeles.
A diferencia de las conmemoraciones basadas en apariciones particulares, la festividad del 29 de septiembre conmemora la dedicación de una antigua basílica erigida en honor a San Miguel en la Vía Salaria, a unos seis kilómetros al norte de Roma, ocurrida en el siglo V. Con el tiempo, esta fecha se convirtió en la principal festividad litúrgica para honrar al Príncipe de la Milicia Celestial en todo el Occidente.
Mientras que en la reforma del calendario de 1969 se agrupó el 29 de septiembre la memoria conjunta de los tres arcángeles (Miguel, Gabriel y Rafael), en el Misal de 1962 cada uno mantiene su propia fecha en el ciclo litúrgico: San Gabriel Arcángel:24 de marzo (víspera de la Anunciación). San Miguel Arcángel: 29 de septiembre (Dedicación) y 8 de mayo (Aparición en el Monte Gargano). San Rafael Arcángel: 24 de octubre. Esta celebración marca tradicionalmente el inicio del otoño en el hemisferio norte y recuerda a los fieles la intercesión continua de los angeles en la vida de la Iglesia militante.
- Origen de la oración a San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en el combate;
sé nuestro amparo contra la perversidad y las acechanzas del demonio.
Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica;
y tú, Príncipe de la milicia celestial,
con el poder que Dios te ha conferido,
arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos
que vagan por el mundo para la perdición de las almas.
Amén.
Según la tradición consolidada, el papa León XIII redactó esta oración tras finalizar la celebración de la Santa Misa, al experimentar una intensa visión en la que escuchó un diálogo entre Dios y el demonio sobre el poder de Satanás para intentar destruir a la Iglesia durante un período determinado, seguido por la manifestación defensiva de San Miguel.
Mediante un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos en 1886, León XIII ordenó que esta oración se rezara de rodillas al final de la Misa rezada (junto con tres Avemarías, la Salve y otras preces), constituyendo las denominadas Preces Leoninas. La práctica se mantuvo de forma ininterrumpida en el rito romano hasta que la instrucción
Inter Oecumenici (1964) y la posterior reforma litúrgica de 1970 eliminaron el uso obligatorio de estas preces al concluir la Misa.
