Hola, buenos días, hoy Leti nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
¿Y AHORA QUÉ?
Ayer, en la oración, esta era la pregunta que le hacía al Señor: ¿y ahora qué?
Estos días de ejercicios espirituales han sido un verdadero regalo para el cuerpo, donde he podido descansar, y para el espíritu, donde el Señor me ha hablado profundamente al corazón.
El tiempo se ha detenido y solo había una cosa importante: el Señor. Todo, pero todo, giraba en torno a Él. Y, claro, cuando tocas el cielo no quieres volver a la tierra.
Porque nos pasa lo mismo que a Pedro en la transfiguración: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!»
(Mateo 17, 4).
Esto es normal que nos pase después de un retiro, de pasar unos días de descanso, que nos cueste volver a nuestra vida, a nuestro trabajo o a nuestra casa.
Porque estamos llamados a la eternidad y vamos en busca de la felicidad. Y esta felicidad, cuando la encuentras, no quieres que se acabe o, como me decía una amiga hace unos días: «No quiero que se me pase».
Pero Jesús no inmortalizó el momento de la transfiguración, ni tan siquiera contestó a Pedro cuando le dijo de hacer tres tiendas.
Jesús les manifestó Su gloria, les dejó ver Su divinidad; en definitiva, se asomaron al cielo. Y después nos dice el texto del Evangelio: Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis».
Aquí encontré respuesta a mi pregunta: ¿y ahora qué?
Levántate y no tengas miedo. Yo estoy contigo. Lo que has vivido es real, pero es necesario ahora volver al día a día y llevar allí mi buena noticia.
Y este es Jesús, el que nos alienta en nuestras luchas y nos da la fuerza para vivir cada día con alegría y ser felices. Sea en el Tabor o en la llanura.
Lo importante es que siempre esté Jesús con nosotros, no perder al Señor por nada. En todo lo que tengamos que vivir, que esté Él.
Hoy el reto del amor es leer despacio el pasaje de la transfiguración en san Mateo 17, 1-9.
Te dejo aquí el link a la Biblia de la Conferencia Episcopal Española:
VIVE DE CRISTO
