Hola, buenos días, hoy Leti nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
DÍA DE LIMPIEZA
Los sábados en el monasterio es día de limpieza. A mí me toca limpiar los claustros de abajo. Me dispuse a ello, cogí la mopa, la puse en el suelo y me fui al armario a coger el espray de mopas. La rocié bien y, de repente, empecé a oler un olor raro, como a matamoscas.
Miro el bote y me había confundido: en vez del de suelos, había cogido el matamoscas. ¿Sabes cuál fue el motivo por el cual cambié los botes? Porque, mientras estaba con la mopa, mi mente estaba en otra cosa, pensando en lo que iba a hacer después. Literalmente, pensando en otra cosa en vez de echar el espray.
Y me puse a reír porque la que había preparado era buena. Ahora me tocaba barrer todo el claustro y ya no me daría tiempo a hacer nada más.
Al llegar a la oración, le daba gracias al Señor porque Él, una y otra vez, nos invita a vivir en el presente, y nosotros estamos con nuestro cuerpo en un sitio, pero con la mente en otro.
Pero el Señor nos dice que donde Él habita es en el presente, que, si le queremos descubrir vivo y real, es en el presente. Que el pasado y el futuro están en Sus manos. Porque lo que realmente tenemos es el presente.
Cuántos quebraderos de cabeza nos podemos evitar porque vivimos las cosas por anticipado y luego, a veces, ni ocurren.
A Jesús le vemos en los Evangelios enseñando esto a Sus discípulos y les dice: «No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su propio afán» (Mt 6,34). Les muestra un camino para vivir centrados en el hoy, en lo que estás viviendo, porque mañana tendrás la gracia para vivirlo.
Hoy, el reto del amor es intentar vivir el día en el presente. Pídele al Señor descubrirle en tu día.
VIVE DE CRISTO
