Reconocer los errores, perseverar, pedir ayuda y nunca dejar de aprender son algunos hábitos que podemos aprender de los santos para crecer humana y espiritualmente.

POR  Josselin Melara

Crecer no significa únicamente adquirir nuevos conocimientos, alcanzar metas o desarrollar habilidades. También implica tener la humildad de reconocer los propios errores, aprender de las dificultades, pedir ayuda cuando es necesario y estar dispuestos a cambiar.

Los santos nos muestran que la santidad tampoco fue un camino de perfección instantánea. Muchos tuvieron que vencer debilidades, replantear decisiones, perseverar en medio de las dificultades y aprender a mirar su propia vida con honestidad.

Estos son 10 hábitos que podemos aprender de los santos para seguir creciendo humana y espiritualmente.

Hábitos de los santos para crecer como persona

San Agustín: atreverse a cambiar

Las personas dispuestas a crecer también están dispuestas a cambiar. Así ocurrió con San Agustín, quien destacó desde joven por su inteligencia y talento, pero también tuvo que reconocer que sus conocimientos y aspiraciones no bastaban para encontrar la verdad que buscaba.

Después de años de búsqueda, dejó atrás una vida marcada por las pasiones y experimentó una profunda conversión. Incluso llegó a pedir a Dios aquello que necesitaba para cambiar de vida: “Dame castidad y continencia, pero no todavía”, según relata en sus Confesiones.

San Agustín llegó a convertirse en uno de los grandes santos de la Iglesia y fue proclamado Doctor de la Iglesia, pero su camino comenzó con algo fundamental: reconocer que necesitaba cambiar.

Sed mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo. —San Agustín

Para crecer: Atrévete a reconocer aquello que necesita cambiar en tu vida. La transformación comienza cuando dejamos de justificar nuestros errores y nos abrimos a la conversión.

San Carlo Acutis: buscar mejorar en lo cotidiano

La idea no es que Carlo fuera un muchacho obsesionado con ser “mejor” o alcanzar una versión perfecta de sí mismo. Al contrario: su crecimiento estaba orientado hacia Dios.

Carlo entendía la santidad como algo que podía vivirse en la vida cotidiana. No necesitaba hacer cosas extraordinarias para acercarse a Dios; procuraba vivir con amor las pequeñas cosas de cada día, cultivar sus virtudes, ayudar a los demás y mantener una relación cercana con Jesús.

Su vida nos recuerda que crecer no significa convertirse en alguien perfecto, sino buscar cada día una mayor cercanía con Dios.

Estar siempre unido a Jesús, ese es mi proyecto de vida. —San Carlo Acutis

Para crecer: Pregúntate cada día qué virtud puedes cultivar, qué actitud puedes mejorar y cómo puedes poner tus talentos al servicio de los demás.

San Francisco de Asís: aceptar los errores

El Pobre de Asís se convirtió en uno de los grandes santos de la historia de la Iglesia, pero su camino también comenzó con el reconocimiento de que necesitaba cambiar.

Francisco experimentó una profunda transformación al encontrarse con Cristo y descubrir la misericordia de Dios. Dejó atrás sus antiguas aspiraciones y emprendió una nueva vida marcada por la pobreza, la fraternidad y el servicio.

Equivocarse no tiene por qué ser una derrota, siempre que tengamos la humildad de reconocer nuestras fallas, aprender de ellas y buscar corregirlas.

Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo. —San Francisco de Asís

Para crecer: No tengas miedo de reconocer tus errores. Admitir que nos equivocamos no nos hace menos valiosos; nos da la oportunidad de aprender.

San Ignacio de Loyola: no dejarse llevar por cualquier impulso

San Ignacio de Loyola alcanzó una profunda comprensión del discernimiento a partir de su propia experiencia. Durante su convalecencia, comenzó a observar cómo distintos pensamientos y deseos producían diferentes movimientos en su interior.

Descubrió que algunas experiencias lo dejaban momentáneamente satisfecho, mientras que otras producían una alegría más profunda y duradera. Esta experiencia fue fundamental para desarrollar posteriormente su enseñanza sobre el discernimiento y los Ejercicios espirituales.

San Ignacio nos recuerda que no todo pensamiento, deseo o impulso merece ser seguido. A veces necesitamos detenernos, observar lo que ocurre dentro de nosotros y preguntarnos hacia dónde nos está llevando aquello que estamos eligiendo.

Revisa el camino que has escogido. Cuando uno escoge un buen camino, aunque sea arduo, se va disfrutando la ruta. —San Ignacio de Loyola

Para crecer: No tomes todas tus decisiones desde el impulso. Aprende a detenerte, pensar, orar y discernir.

Santa Juana de Arco: pedir ayuda

Santa Juana de Arco fue una mujer extraordinaria, capaz de asumir responsabilidades que parecían imposibles para una joven de su época. Sin embargo, su valentía no significó que creyera poder hacerlo todo sola.

Juana actuó convencida de que Dios la acompañaba y supo trabajar junto a otras personas para cumplir la misión que consideraba haber recibido. Pedir ayuda no disminuye nuestros méritos; nos recuerda que necesitamos de los demás.

La humildad consiste también en reconocer que no tenemos todas las respuestas ni podemos enfrentar solos cada batalla.

Mis voces me dicen: no temas, responde con atrevimiento, que Dios te ayudará”.-Santa Juana de Arco

Para crecer: Aprende a pedir ayuda cuando la necesites. La comunidad, los amigos, la familia y quienes tienen más experiencia pueden ayudarnos a avanzar.

Santa Mónica: perseverar

Santa Mónica nos dejó uno de los ejemplos más conocidos de perseverancia en la oración. Durante años pidió por la conversión de su hijo Agustín y confió en Dios incluso cuando los resultados no llegaron inmediatamente.

Su historia nos recuerda que no todo aquello que queremos construir se consigue rápidamente. Algunas transformaciones necesitan tiempo, paciencia y constancia.

Perseverar no significa obsesionarnos con obtener resultados inmediatos, sino continuar haciendo el bien incluso cuando todavía no podemos ver sus frutos.

Cada día es una moneda que Dios nos da para comprar su gloria”. —Santa Mónica

Para crecer: No abandones aquello que sabes que vale la pena solamente porque todavía no ves resultados.

San Pedro de Alcántara: cultivar pequeños hábitos

¿Sabes cómo llegó San Pedro de Alcántara a ser un gran santo? Cuidando también las pequeñas cosas de cada día.

Este santo franciscano destacó por su intensa vida de oración, penitencia y disciplina. Su ejemplo nos recuerda que la vida espiritual —como cualquier proceso de crecimiento— también se construye mediante pequeñas acciones repetidas con constancia.

No siempre son las grandes decisiones las que transforman nuestra vida. Muchas veces son los pequeños hábitos cotidianos los que terminan formando nuestro carácter.

Mucho hace a los ojos de Dios quien hace todo lo que puede, aunque pueda poco”. —San Pedro de Alcántara

Para crecer: Elige un pequeño hábito positivo y practícalo con constancia. Lo que hacemos repetidamente termina formando quiénes somos.

San Pío de Pietrelcina: cuestionarse

Cuestionarse no significa vivir dudando de uno mismo. Significa tener la capacidad de mirarnos interiormente y preguntarnos con honestidad cómo estamos viviendo.

San Pío de Pietrelcina concedió gran importancia a la vida espiritual, la confesión y el acompañamiento. El examen de conciencia permite revisar nuestras acciones, pensamientos, omisiones y actitudes delante de Dios.

Su ejemplo nos invita a no vivir en automático. Detenernos y preguntarnos qué estamos haciendo bien, qué necesitamos cambiar y hacia dónde estamos dirigiendo nuestra vida puede ayudarnos a crecer.

“Reza, ten fe y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración.”-San Pío de Pietrelcina

Para crecer: Reserva un momento para revisar tu día. Pregúntate qué hiciste bien, en qué fallaste, a quién pudiste haber lastimado y qué puedes hacer diferente mañana.

Santa Rita de Casia: aprender del sufrimiento

El sufrimiento forma parte de la vida humana, pero la manera en que respondemos ante él puede transformar nuestra historia.

Santa Rita atravesó experiencias profundamente dolorosas, entre ellas un matrimonio difícil y la muerte de su esposo y de sus hijos. En medio de estas circunstancias, buscó permanecer unida a Dios y convertir su dolor en una oportunidad para crecer en la fe, la paciencia y el perdón.

Su historia no significa que debamos buscar el sufrimiento ni aceptar injusticias como si fueran buenas. Nos recuerda, más bien, que incluso en medio del dolor podemos encontrar caminos de esperanza y transformación.

Por su vida de fe y los numerosos testimonios de favores atribuidos a su intercesión, Santa Rita es conocida como “la santa de los imposibles”.

“¡Ay Jesús mío! Aumenta mi paciencia a medida que aumentas mis sufrimientos.” —Santa Rita de Casia

Para crecer: Cuando atravieses una dificultad, pregúntate no solamente “¿por qué me pasa esto?”, sino también “¿qué puedo aprender de esta experiencia y cómo puedo atravesarla sin perder la esperanza?”.

Santa Teresa de Jesús: nunca dejar de aprender

Santa Teresa de Jesús destacó por su inteligencia, su capacidad de observación y su profundo interés por la lectura y el conocimiento. Su formación y experiencia espiritual quedaron plasmadas en obras que siglos después continúan siendo fundamentales para la espiritualidad cristiana.

Su legado intelectual y espiritual fue reconocido por la Iglesia cuando fue proclamada Doctora de la Iglesia.

Teresa nos recuerda que nunca dejamos de aprender. Cada experiencia, cada persona y hasta nuestras propias equivocaciones pueden convertirse en una oportunidad para adquirir sabiduría.

La tierra que no es labrada llevará abrojos y espinas aunque sea fértil; así es el entendimiento del hombre. —Santa Teresa de Jesús

Para crecer: Mantén viva la curiosidad. Lee, pregunta, escucha a quienes saben más que tú y permanece dispuesto a descubrir algo nuevo.

Crecer también es convertirse

Los santos nos muestran que crecer no significa alcanzar una versión perfecta de nosotros mismos. Significa reconocer que siempre podemos avanzar un poco más: pedir perdón, aprender, cambiar, perseverar, pedir ayuda, discernir y volver a empezar.

Tal vez por eso sus vidas siguen siendo tan actuales. En una sociedad que constantemente nos invita a ser más productivos, exitosos o competitivos, ellos nos recuerdan que el verdadero crecimiento también ocurre en el interior.

Y, desde la perspectiva cristiana, crecer no consiste solamente en ser mejores personas, sino en permitir que Dios transforme nuestra vida.

https://desdelafe.mx/noticias/sabias-que/habitos-santos-para-crecer-como-persona

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