Para San Josemaría, el momento de levantarse puede convertirse en una oportunidad para crecer en la vida espiritual.
La santidad no siempre comienza con grandes decisiones. A veces empieza cuando suena la alarma y elegimos entre levantarnos o ceder a la pereza. San Josemaría Escrivá llamó a ese primer combate el “minuto heroico”, un sencillo ejercicio de voluntad para comenzar el día con decisión.
A primera hora de la mañana se presenta una pequeña batalla: apagar la alarma y seguir durmiendo o levantarse de inmediato. Para San Josemaría, ese momento tan cotidiano podía convertirse en una oportunidad para crecer en la vida espiritual y aprender a vencer la pereza.
¿Qué es el “minuto heroico”?
El “minuto heroico” consiste en levantarse inmediatamente al sonar la alarma, sin posponerlo ni buscar excusas para quedarse un rato más en la cama. Es un ejercicio de disciplina y de voluntad que, además, puede convertirse en una pequeña ofrenda a Dios.
San Josemaría lo explica en Camino:
“El minuto heroico. —Es la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y… ¡arriba! –El minuto heroico: ahí tienes una mortificación”.
La propuesta es muy concreta: si hemos decidido levantarnos a una determinada hora, cuando llegue ese momento no hay que entrar en negociaciones con la pereza. Suena la alarma y nos levantamos.
¿Cómo ponerlo en práctica?
Puedes comenzar con estos cuatro pasos:
- Fija una hora para levantarte: Elige una hora que puedas cumplir y procura mantenerla con constancia.
- Cuando suene la alarma, levántate: No pulses “posponer” ni te quedes pensando si realmente necesitas dormir cinco minutos más. La clave está en levantarse sin vacilar.
- Empieza el día con Dios: Una vez fuera de la cama, evita mirar inmediatamente el teléfono. Puedes hacer una breve oración, agradecer por el nuevo día y pedirle a Dios que te ayude a vivirlo bien.
- Empieza tu jornada: Después de ese momento de oración, continúa con tus actividades y responsabilidades habituales.
No siempre tendremos grandes oportunidades para ejercitar la virtud. Muchas veces se presenta en cosas pequeñas: vencer la pereza, cumplir lo que nos hemos propuesto, hacer bien nuestro trabajo o comenzar el día poniendo a Dios en el centro.
Una pequeña ofrenda a Dios
El “minuto heroico” también puede convertirse en una forma sencilla de ofrecer a Dios el comienzo de nuestro día.
En lugar de tomar inmediatamente el teléfono o empezar a pensar en todo lo que tenemos pendiente, podemos ponernos en presencia de Dios y ofrecerle las actividades, preocupaciones y responsabilidades que tendremos durante la jornada.
San Josemaría recomendaba para este momento el ofrecimiento de obras, una breve oración con la que ponemos el día en manos de Dios y le pedimos que nos ayude a vivirlo de acuerdo con su voluntad.
Ofrecimiento de obras
¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía!
Yo me ofrezco enteramente a vos;
y en prueba de mi filial afecto,
os consagro en este día mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón: en una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro, oh Madre de bondad,
guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.
Amén.
