A cien años de la Guerra Cristera, la CEM llama a defender la libertad religiosa, sanar la memoria histórica y construir la paz en México.

POR  Jorge Reyes

A cien años del inicio de la Guerra Cristera, el conflicto religioso que marcó la historia contemporánea de México, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) hizo un llamado a transformar la memoria de aquellos acontecimientos en un compromiso renovado con la libertad religiosa, la reconciliación y la construcción de la paz.

De la misma manera, en un mensaje titulado “Callaron las campanas de los templos, habló su sangre. Memoria de nuestros mártires, libertad religiosa y construcción de la paz”, los Obispos de México advirtieron que, aunque en los últimos años el país ha avanzado en el reconocimiento de este derecho, todavía persisten restricciones legales y sociales que impiden el pleno ejercicio de la libertad religiosa.

En el documento, difundido con motivo del centenario de la suspensión del culto público decretada el 31 de julio de 1926 tras la entrada en vigor de la llamada “Ley Calles”, la CEM subraya que esta conmemoración no pretende reabrir heridas ni celebrar una guerra, sino sanar la memoria colectiva y aprender de una de las etapas más dolorosas de la historia nacional.

No se conmemora una guerra, sino la fidelidad de un pueblo

En el texto, los obispos aclaran que la Iglesia en México no conmemora una guerra ni exalta la violencia, sino que recuerda tres realidades fundamentales que dejó ese cruento episodio:

  1. La fidelidad de miles de católicos que mantuvieron viva la fe durante la persecución religiosa, cuando no había templos abiertos.
  2. El testimonio de los mártires que dieron la vida por Cristo sin recurrir a la violencia y perdonaron a sus verdugos.
  3. La enseñanza de que la libertad religiosa es un derecho humano que pertenece a todas las personas, no un privilegio exclusivo de los creyentes.

Asimismo, reconocen que la memoria cristiana debe convertirse en un proceso de reconciliación, libre de resentimientos y de cualquier utilización política, con el propósito de fortalecer el presente y preparar el camino hacia el Jubileo Guadalupano de 2031 y el Jubileo de la Redención de 2033.

“Queremos decirlo con toda claridad, para que nadie se equivoque ni instrumentalice nuestra palabra. No conmemoramos una guerra ni celebramos una victoria; no exaltamos las armas ni idealizamos la violencia, de dondequiera que haya venido. No convocamos a la revancha, no alimentamos el resentimiento y no ponemos esta memoria al servicio de ningún proyecto político ni partidista”, apunta la CEM.

La libertad religiosa sigue siendo una tarea pendiente

En el documento de nueve cuartilla, firmado por el presidente y el secretario general de la CEM, Mons. Ramón Castro Castro y Mons. Héctor M. Pérez Villarreal, respectivamente, uno de los ejes centrales que se señala es la defensa de la libertad religiosa como un derecho humano fundamental.

En este sentido, reconoce que si bien México ha dado pasos importantes desde las reformas constitucionales de 1992, la expedición de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede y la reforma al artículo 24 constitucional en 2013, también advierte que esos avances todavía no han permitido consolidar plenamente el derecho a la libertad religiosa.

Entre las restricciones que aún permanecen destacan:

  • Las limitaciones para celebrar actos de culto fuera de los templos
  • La imposibilidad de que las asociaciones religiosas obtengan concesiones de radio y televisión
  • Obstáculos para que los padres puedan elegir la educación religiosa de sus hijos frente a modelos educativos impuestos sin consenso
  • La prevalencia de una cultura política que todavía mira con desconfianza la participación pública de los creyentes y limita la expresión de sus convicciones en la vida social.

“No pedimos un privilegio para los católicos: defendemos un derecho de todos —creyentes de cualquier confesión y también de quienes no creen—, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en nuestra Constitución”, señala.

La violencia aprovecha estas debilidades

El Episcopado Mexicano también advierte que la amenaza contra la libertad religiosa ya no proviene únicamente de la falta de disposiciones legales.

Los obispos señalan que el crimen organizado ha establecido en diversas regiones del país una especie de “gobierno paralelo” que controla territorios mediante secuestros, extorsiones, asesinatos y el sometimiento de comunidades enteras, impidiendo incluso que muchas personas puedan vivir y expresar libremente su fe.

En ese contexto recuerdan el asesinato de sacerdotes y agentes pastorales ocurrido en los últimos años, entre ellos los de los sacerdotes jesuitas de Cerocahui, Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, y del padre Marcelo Pérez en Chiapas, como muestra de que la violencia sigue atentando contra quienes ejercen su ministerio y acompañan a las comunidades.

Además, los obispos alertan sobre las nuevas formas de coacción a la conciencia que se está presentando derivadas de la manipulación de la información, los algoritmos que favorecen la polarización y la reducción de la persona a un simple objeto de consumo digital.

“Hoy la conciencia puede ser coaccionada sin cerrar un solo templo: mediante la manipulación de la información, la reducción de la persona a un perfil de consumo, la captura de la atención por algoritmos que polarizan y las nuevas esclavitudes de la era digital. Custodiar hoy la libertad religiosa es también custodiar el derecho de cada persona a buscar a Dios sin ser reducida a un dato”, plantea.

Rechazo a la violencia y a la polarización

Frente al escenario que vive el país, la Conferencia del Episcopado Mexicano expresa un rechazo explícito tanto a la violencia del pasado como a la del presente.

Inspirados en la enseñanza del papa León XIV, los obispos afirman que México necesita reconstruirse desde la unidad, superando la lógica de la confrontación política y social.

En su mensaje advierten que la violencia, las desapariciones, la impunidad, la desigualdad y la polarización han fracturado al país, y recuerdan que la principal enseñanza del conflicto religioso es que cuando los mexicanos dejan de reconocerse como hermanos, toda la nación pierde.

“Cien años después, la lección del conflicto religioso es exactamente ésta: cuando el otro deja de ser hermano, el país entero pierde. La unidad de la nación no se decreta ni se impone: se teje reconociendo que compartimos una misma identidad, una fe, un corazón y una cultura común, y que nadie sobra”, afirma.

Por ello reiteran su compromiso con el Diálogo Nacional por la Paz, el acompañamiento a las víctimas, las jornadas de oración y el impulso de una cultura del encuentro que permita transformar los conflictos mediante la justicia, el diálogo y el respeto a la dignidad humana.

Asimismo, hacen un llamado a las autoridades para garantizar plenamente la libertad religiosa y a los propios católicos para defender ese derecho también para quienes profesan otras religiones o no tienen ninguna creencia.

Construir la paz no es callar los conflictos, sino transformarlos… Pedimos a los legisladores y a las autoridades leyes y prácticas que garanticen plenamente la libertad religiosa; y pedimos a los católicos que no reclamen para sí lo que no estén dispuestos a defender para los demás”, plantea.

Un centenario que se vivirá en todo el país

Como parte de esta conmemoración, “que no se está organizando desde un escritorio”, la Iglesia en México desarrollará durante los próximos años a nivel nacional un amplio programa pastoral, académico y cultural que culminará en el marco del Jubileo Guadalupano.

Entre las principales actividades a realizar destacan:

  • Jornadas nacionales de oración por la paz y la libertad de conciencia.
  • Caminatas y peregrinaciones por la paz.
  • Romerías y celebraciones en el Santuario de los Mártires, el Cerro del Cubilete y otros lugares vinculados con los mártires mexicanos.
  • Actividades culturales como obras de teatro, películas, cantos y expresiones de religiosidad popular.
  • Diplomados, congresos y simposios organizados por universidades católicas y seminarios para estudiar con rigor histórico el conflicto religioso.
  • Publicaciones conmemorativas con documentos y testimonios.
  • Y la serie digital de catequesis “Testigos del Reino”, dirigida especialmente a las nuevas generaciones.

Con ello, los obispos mexicanos desean ser una Iglesia que escuche antes de hablar y que camine unida, sin que nadie sobre ni nadie quede fuera, que además despierte la conciencia de que la fe se vive en la familia, en el trabajo y en la vida pública, que sea capaz de leer con lucidez evangélica este cambio de época, donde las amenazas a la conciencia ya no llegan con soldados sino con pantallas y que ponga todas sus fuerzas en la justicia, la reconciliación y la paz.

“Que este tiempo nos encuentre reconciliados: capaces de nombrar la verdad sin odio, de perdonar sin olvidar y de construir juntos una nación donde ninguna conciencia sea coaccionada y ninguna vida sea descartable. Que la sangre de nuestros mártires, unida a la de Cristo, siga hablando de vida, de libertad y de paz.

“A todos los mexicanos, a los que han adoptado esta tierra y a los que la transitan, les decimos con corazón de pastores: no tengan miedo de la verdad de esta historia. Ahí, en medio de tanta oscuridad, hubo hombres y mujeres como nosotros que no se dejaron robar la esperanza. Somos herederos de ellos, más por la fe que por la sangre. Que su memoria nos haga mejores”, concluye el mensaje de la CEM.

https://desdelafe.mx/noticias/iglesia-en-mexico/guerra-cristera-cem-libertad-religiosa-paz-mexico

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