Hola, buenos días, hoy Leti nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
HOY Y AHORA
Estaba paseando por el claustro cuando, de repente, vi que algo muy pequeño se movía en el suelo. Me acerqué y era una lagartija.
Me quedé mirándola un rato. Iba de un lado para otro sin saber muy bien qué hacer. Me di cuenta de que estaba en el sitio equivocado. No sé cómo había llegado hasta el claustro; por algún sitio se habría colado, pero allí no podría sobrevivir, porque no tendría comida, agua ni su hábitat natural.
Con paciencia, me acerqué a ella y, después de correr un rato detrás, conseguí cogerla. Con mucho cariño, la llevé a la huerta y la solté. Vi cómo echó a correr y se alejaba poco a poco. Ahora sí que estaba en el sitio correcto.
Me senté en una piedra de la huerta y me quedé mirando al cielo. Allí me puse a hacer un rato de oración y le hablé al Señor, dándole gracias por la naturaleza, por todos los animales que nos has regalado y por la maravilla que supone descubrir cada animalito, por pequeño que sea, hecho con tanto amor y creado con tanta delicadeza.
Pero esa pequeña lagartija me había mostrado que, a veces, no damos vida, no damos paz y no damos fruto porque estamos en el sitio equivocado, en el lugar donde no debemos estar.
Al Señor lo descubrimos en nuestro presente. Aquí es donde Él vive con nosotros. El pasado está en Sus manos. Ese es un lugar donde no tenemos que estar, es un sitio equivocado. Del pasado podemos aprender y agradecer.
En el futuro tampoco debemos estar, porque es un sitio equivocado. Está en manos de Dios. Él sí sabe qué nos espera. Donde realmente tenemos que estar es en el presente. Aquí es donde el Señor está, habita y vive con nosotros. En tu presente, en tu aquí y ahora, es donde vas a descubrir al Señor.
Hoy, el reto del amor es descubrir al Señor en algo concreto de tu día. Pídele ojos nuevos para verlo.
VIVE DE CRISTO
