Por el presbítero Jorge Luis Zarazúa Campa, FMAP
- Mientras la FSSPX se separa de Roma, el Instituto del Buen Pastor sigue ordenando sacerdotes en plena comunión con el Papa.
En medio del intenso debate suscitado por la reciente ruptura de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con la Santa Sede, otra noticia proveniente del mundo de la liturgia tradicional ofrece un contraste significativo. El pasado 4 de julio de 2026, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, presidió en Courtalain, Francia, la ordenación de tres nuevos sacerdotes y cuatro diáconos para el Instituto del Buen Pastor (Institut du Bon Pasteur, IBP), una Sociedad de Vida Apostólica de Derecho Pontificio fundada en Roma en 2006.
El acontecimiento pone de relieve una realidad frecuentemente olvidada en los debates sobre la Misa tradicional: es posible custodiar el patrimonio litúrgico anterior a la reforma de san Pablo VI permaneciendo plenamente unido al Romano Pontífice y a la Iglesia.
- Una comunidad nacida para servir a la Iglesia
El Instituto del Buen Pastor fue erigido por la Santa Sede el 8 de septiembre de 2006 con una misión muy concreta: celebrar la Eucaristía y administrar los sacramentos según los libros litúrgicos de 1962, al tiempo que desarrolla un apostolado plenamente integrado en la vida de la Iglesia.
Actualmente cuenta con presencia en diversos países, entre ellos Francia, Italia, Polonia, Canadá, Uganda, Colombia y Brasil, donde atiende numerosas comunidades de fieles vinculados a la liturgia tradicional.
Su existencia demuestra que el amor por la Misa tradicional no implica necesariamente una actitud de confrontación con Roma ni un cuestionamiento de la autoridad del Papa.
- El respaldo del cardenal Müller
Durante la ceremonia, el cardenal Müller dirigió palabras de aliento a las comunidades tradicionales que permanecen en comunión con la Iglesia.
Refiriéndose tanto al Instituto del Buen Pastor como a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP), afirmó públicamente:
«Son comunidades fecundas, con vocaciones y una fe sólida, que necesitan orientación, y me alegra poder brindársela.»
Sus declaraciones llegan en un momento particularmente delicado, pocos días después de que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe declarara el carácter cismático de las recientes consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X sin mandato pontificio.
- Un acompañamiento constante
La presencia del cardenal Müller en las ordenaciones del Instituto del Buen Pastor no constituye un hecho aislado. Desde hace varios años ha acompañado regularmente la vida del instituto.
- La cronología reciente muestra una notable continuidad:
1).— 2026: ordenación de 3 sacerdotes y 4 diáconos en Courtalain.
2).— 2025: ordenación de 5 sacerdotes y 4 diáconos en la misma localidad.
3).— 2024: tonsura de 11 seminaristas, además de la ordenación de 1 sacerdote y 5 diáconos.
4).— 2023: ordenación de 6 sacerdotes y 1 diácono en Burdeos.
Este crecimiento sostenido refleja un dinamismo vocacional que continúa desarrollándose dentro de la plena comunión eclesial.
- El verdadero contraste
Las imágenes procedentes de Courtalain adquieren un significado especial en el contexto actual.
Mientras una parte del tradicionalismo ha optado por una ruptura abierta con la autoridad del Sucesor de Pedro, otras comunidades igualmente apegadas al rito romano antiguo siguen formando sacerdotes, abriendo apostolados y creciendo vocacionalmente sin abandonar la comunión con la Iglesia.
Este hecho desmiente la idea, repetida con frecuencia, de que la fidelidad a la liturgia tradicional exigiría inevitablemente una confrontación con Roma.
El Instituto del Buen Pastor y la Fraternidad Sacerdotal San Pedro constituyen ejemplos de que es posible amar profundamente la tradición litúrgica y, al mismo tiempo, vivir una obediencia efectiva al Romano Pontífice.
- Perspectivas
Los acontecimientos de los últimos días podrían influir significativamente en el futuro del mundo tradicionalista.
Es previsible que muchos fieles y algunos sacerdotes que desean conservar la celebración de la Misa tradicional, pero sin romper la comunión con la Iglesia, vuelvan la mirada hacia institutos de derecho pontificio como el IBP o la FSSP. Estas comunidades ofrecen una vía canónicamente estable para vivir el patrimonio litúrgico tradicional dentro de la plena unidad eclesial.
Asimismo, el apoyo público del cardenal Müller recuerda que el debate sobre la liturgia no debe reducirse a una confrontación entre “tradición” y “modernidad”. La cuestión decisiva sigue siendo la comunión con la Iglesia. La tradición auténtica no se conserva aislándose del Sucesor de Pedro, sino permaneciendo en la Iglesia y con la Iglesia.
En este contexto, las ordenaciones celebradas en Courtalain constituyen más que una buena noticia vocacional: representan un testimonio de que la fidelidad a la tradición litúrgica y la obediencia al Papa no son realidades opuestas, sino dimensiones complementarias de la auténtica vida católica.
