Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA 

En las últimas décadas, el mundo tradicional católico ha encontrado en las peregrinaciones a pie una de sus expresiones más vigorosas y de mayor impacto público. 

Organizadas e impulsadas por fervientes movimientos de laicos tradicionales, estas marchas no son meras caminatas, sino auténticos retiros itinerantes. 

En ellos, la centralidad absoluta la ocupa la celebración diaria de la santa misa en el rito romano tradicional, acompañada de confesiones de campaña, el rezo del santo rosario y profundos ejercicios piadosos. 

Lo que comenzó como una respuesta de fervor devocional se ha transformado en manifestaciones extraordinariamente multitudinarias que congregan a miles de fieles, especialmente jóvenes y familias. Más allá del esfuerzo físico, representan un firme testimonio de fe, espíritu de penitencia y una reafirmación de la identidad litúrgica e histórica frente a la secularización contemporánea, convirtiéndose en el motor espiritual de este laicado.

La más multitudinaria y madre de todas ellas es la peregrinación de París a Chartres, en Francia, fundada en 1983 por la asociación Notre—Dame de Chrétienté. Este impresionante recorrido a pie de unos 100 kilómetros congrega ya a una cifra récord de más de 19 mil peregrinos bajo el amparo de la liturgia tradicional y suele tener lugar cada año durante los tres días del fin de semana de Pentecostés, una cita que desborda habitualmente sus previsiones logísticas por su masiva e imparable popularidad.

Inspirada directamente en el modelo francés, la peregrinación de Nuestra Señora de la Cristiandad en España une a pie la ciudad de Oviedo con el emblemático Santuario de Covadonga. A pesar de ser muy reciente, pues comenzó su andadura en 2021, su crecimiento ha sido exponencial y ya cuenta con una asistencia consolidada de más de 1,500 peregrinos y decenas de sacerdotes de la península Ibérica e Hispanoamérica; esta marcha asturiana suele tener lugar invariablemente a finales de julio, ofreciendo tres jornadas de intensa oración y liturgia clásica entre sus imponentes paisajes.

Por su parte, la peregrinación Summorum Pontificum ofrece un carácter distinto al celebrarse en la misma Roma desde su fundación en 2012. En lugar de una caminata de campaña, consiste en un encuentro eclesial que culmina en una procesión solemne por las calles de la Ciudad Eterna hasta la Basílica de San Pedro, atrayendo a miles de asistentes de todo el mundo en congregaciones que llegan a desbordar los altares vaticanos; este encuentro romano suele tener lugar todos los años a finales de octubre, coincidiendo con la festividad litúrgica tradicional de Cristo Rey.

Este fenómeno transatlántico ya está siendo imitado con gran fuerza en América, donde el espíritu de la cristiandad medieval se adapta a las nuevas tierras. En Argentina, la réplica es ya una consolidada tradición con más de una década de historia, reuniendo a miles de jóvenes que caminan 100 kilómetros hacia el Santuario de Nuestra Señora de Luján a mediados de agosto. De igual modo, en Canadá se realizan marchas tradicionales hacia el Santuario de Notre—Dame—du—Cap, y en los Estados Unidos gana adeptos la peregrinación de Auriesville

Incluso en el vecino Portugal acaba de nacer la ruta Nazaré-Fátima, demostrando que esta sed de liturgia ancestral, disciplina y mística tradicional sigue expandiéndose sin fronteras por todo el orbe católico.

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