Redacción/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA
Está en lo que ocurre… aunque no lo percibas.
- Porque en cada Misa no se repite la cruz…, se hace presente.
El mismo sacrificio del Calvario, ofrecido una vez para siempre, se actualiza misteriosamente en el altar. No es otro sacrificio. Es el mismo Cristo, entregándose al Padre por amor a ti.
El Catecismo enseña que la Eucaristía es memorial sacrificial: hace presente y actual el único sacrificio de Cristo.
- Y aquí está el secreto que muchos ignoran:
La Misa no es algo a lo que asistes…, es algo en lo que entras.
Tu vida, tus luchas, tus heridas, tu entrega…, todo puede unirse a ese sacrificio perfecto.
Cuando el sacerdote eleva el pan y el vino…, Cristo se ofrece. Pero también te invita a ofrecerte con Él.
Ahí está el misterio profundo:
No eres espectador. Eres ofrenda. Tu dolor unido a su cruz… se redime. Tu amor unido al suyo… se vuelve eterno. Tu entrega… ya no es inútil.
- Por eso los santos vivían la Misa como el centro de todo
Porque entendían que ahí, en silencio…, se decide el destino del alma. Hoy muchos ven solo un rito.
Pero quien descubre el secreto del sacrificio…, ya no vuelve a vivir la Misa igual.
Porque entiende que en cada altar…, el cielo se abre, la cruz se levanta y el Amor se entrega… otra vez.
