Konaté Hernández/PERIÓDICO SAGRADA FAMILIA

Estimado lector del periódico Sagrada Familia, ¡ya casi es Cuaresma!, vive este tiempo privilegiado de oración y conversión con nosotros:

Solo necesitas unos minutos al día para detenerte y dar un espacio a Dios en estos días que vienen.

Elige uno de estos 2 programas (en línea y en audio). Son breves y sustanciosos:

1 Cuaresma con Jesús: 40 días para volver al Padre, un camino breve y profundo con la Palabra, para dejarte guiar por Jesús hacia el Padre: Enlace: 

https://short.do/5r-i4O

Cuaresma: un momento para detenerse, 10 minutos al día para parar, hacer silencio, ponerte delante de Dios y dejarte amar.

Enlace: https://short.do/Cw_NNl

En su mensaje del 13 de febrero el Papa León XIV recomienda para vivir la Cuaresma de 2026 un tiempo de conversión.

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, invita a poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que recobrar la fe, su impulso y no dispersar el corazón entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión inicia cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y el cambio que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

  • Escuchar

Este año dijo que le gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha verdadera y real.

Entre las múltiples voces que atraviesan la vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, sociedad, el sistema político y económico, y especialmente a la Iglesia».

  • Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo, insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para el sustento. Sirve, por tanto, para discernir, ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, el hombre, mientras tiene hambre, se ensanchan; mientras se ensancha, es dilatado; mientras es dilatado, se hace capaz; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». El ayuno, entendido en este sentido, permite disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo libre, expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente al bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivir con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». En cuanto signo visible del compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir otras formas de privación destinadas a adquirir un estilo de vida sobrio, ya que «sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».

Por eso, instó a una forma de abstinencia concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman al prójimo. Empezar a desarmar el lenguaje, renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, no hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforzarse por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, las palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

  • Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

  • Del mismo modo, las parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, el clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que orienta el deseo, tanto en las comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

El papa pidió la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento el oído a Dios y a los más necesitados. Pidió la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que las comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Finalmente, dio su bendición de corazón a toda la humanidad, en este camino cuaresmal.
¡Anímate; te esperamos!

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